El Síndrome Blass: un misterio beisbolero

ESPECIAL, sep. 21.- Estadio Shea, Nueva York, 21 de septiembre de 1973. Se enfrentaban los Mets y los Piratas en un partido de temporada regular de las Grandes Ligas.

En el montículo, por los visitantes, lanzaba Steve Blass, un pitcher con una década de experiencia, que había ganado con los de Pittsburgh tres títulos de la División Este de la Liga Nacional.

En la Serie Mundial de 1971, contra los Orioles, Blass (Canaan, Connecticut, 1942) tuvo una destacada participación, ganando dos juegos y sacando el último out del partido decisivo, que los Piratas ganaron 2-1 para coronarse. Es también el último pitcher de la Nacional en tirar toda la ruta en un séptimo juego de un Clásico de Otoño.

El triunfo de los Piratas dio lugar a una famosa fotografía –de Rusty Kennedy, de la Prensa Asociada–, en la que el catcher Manny Sanguillén abraza y levanta a Blass para celebrar el out 27 y el título. Es una de las imágenes más icónicas de ese deporte.

Entre 1968 y 1972, Blass tuvo puras campañas ganadoras. Su mejor momento fue en ese último año, cuando ganó 19 juegos y perdió ocho, obteniendo un porcentaje de carreras limpias admitidas de 2.49, con 117 ponches en 249 entradas lanzadas. En aquella Serie Mundial sólo permitió siete hits y dos carreras en 18 entradas.

No cabe duda, Blass era un monstruo del montículo. Sin embargo, algo le sucedió la siguiente temporada. Algo que medio siglo después sigue siendo un misterio del deporte. Se le olvidó lo que mejor sabía hacer: sacar outs.

Ese día, en Nueva York, Blass llegó con una marca de tres ganados y ocho perdidos. No había terminado aún la primera entrada cuando, con el marcador 4-0 a favor de los Mets, Blass fue relevado por el manager Danny Murtaugh.

Su brillante carrera de Grandes Ligas había terminado. Después de pasar la mayor parte de la temporada 1974 en las menores, se retiró en 1975, dejando una marca de 103 partidos ganados, 16 blanqueadas, 896 ponches y 57 juegos completos.

Lo que le sucedió ha dado lugar al término Síndrome de Steve Blass, cuando un jugador talentoso pierde sus capacidades deportivas de forma repentina, inexplicable y permanente.

Un dato ilustra el derrumbe. En las temporadas 1972 y 1973, Blass dio el mismo número de bases por bolas: 84. Sin embargo, en 1972, tiró 249 entradas y el siguiente año, apenas 88. Su pitcheo se había descontrolado por completo.

Hay quienes atribuyen lo sucedido a la repentina muerte de su coequipero Roberto Clemente, quien pereció en un accidente aéreo, el 31 de diciembre de 1972, cuando llevaba ayuda a las víctimas del terremoto que destruyó buena parte de Managua. Sin embargo, Blass siempre ha negado que haya habido relación entre la tristeza que le causó esa tragedia y lo que lo pasó en el montículo.

En un ensayo publicado en la revista The New Yorker en 1975, el escritor especializado en beisbol Roger Angell –fallecido hace un año– escribió sobre Blass titulado Down the drain (por el desagüe), que describe cómo lo perdió todo.

“Lo misterioso de esto es que Blass mantenía sus fortalezas, especialmente cuando calentaba”, describió Angell, “Estaba en buena forma física y su brazo estaba bien; nunca, en toda su carrera, sufrió de dolor en el brazo”.

En un punto, comenzó a tirar diario en el bullpen, a ver si eso lo ayudaba a salir del bache. “Lo único que logré con eso fue cansarme”, describió Blass a Angell. Cada vez que se acercaba la hora de lanzar, lo sorprendía un enorme temor de “causar vergüenza otra vez y fallarle al equipo”.

Después de retirarse, fue vendedor de anillos para graduación en la zona de Pittsburgh y más tarde se volvió comentarista de los partidos de los Piratas. Su sorprendente debacle como pitcher, del estrellato al retiro, sigue sin tener una explicación.

Por Pascal Beltrán del Río

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