
La fe traza y construye puentes
Mons. Sigifredo Noriega Barceló
“Mujer, ¡qué grande es tu fe!”
Mateo 15, 21-28
Agosto16 de 2026.- ¿Podemos hacer juicios, sin más, sobre hechos sucedidos en siglos pasados? ¿Es justo? La respuesta correcta no es fácil para nadie. Con frecuencia oímos decir a personajes políticos que hay que revisar, reivindicar y ‘hacer justicia’ sobre tales hechos, sus secuelas y consecuencias. Se involucraría a personas y pueblos, visiones jurídicas e ideologías del momento, creencias religiosas y modos de leer e interpretar la historia.
Si así fuera, no sé cómo le hubiera ido a Jesús y las escuelas de su tiempo por el pasaje evangélico que la Iglesia escucha este domingo. Mi duda surge de las palabras que dirige a la mujer cananea (no judía): “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. La expresión podría sonar ofensiva, intolerante, despectiva, ideológicamente conservadora. Jesús ya hubiera sido denunciado ante alguno de nuestros tribunales por la presunción del delito de misoginia, discriminación, xenofobia y lo que resulte.
¿Procedería la acusación? ¿Seríamos cómplices los cristianos del siglo veintiuno? ¿El Evangelio de Jesús caería en descrédito por no favorecer los derechos humanos de mujeres, migrantes extranjeros, personas con pensar diferente? So n cuestionamientos fuertes. Comprender el contexto de ‘aquel tiempo’ nos puede ayudar a entender las sensibilidades de ‘este tiempo’.
Detrás del texto que escuchamos, hay una larga historia de tensiones entre la religión israelita y la del pueblo cananeo, considerado pagano por los judíos piadosos. Cuando la mujer se acerca a Jesús ya hay un camino andado de conflictos y guerras, acercamientos y búsquedas. Entonces acontece algo inimaginable en aquel tiempo: los discípulos piden a su Maestro que atienda a la mujer. Jesús profundiza en la respuesta que da a los suyos y a la mujer. El encuentro de los dos pueblos se da en la frontera y transforma la relación para bien. Las diferencias entre las personas y los pueblos se convierten en espacios de búsqueda, encuentro y acogida.
La actitud de la mujer es asombrosamente humilde. Nos recuerda al centurión, al buen samaritano, al publicano. Su respuesta es una gran lección de dignidad: “También los perritos
-es decir, los paganos- se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos -es decir, los judíos-”. Jesús, sorprendido, la levanta y le dice: “Mujer, ¡qué grande es tu fe!”. Con este gesto se rompen los muros que dividían a judíos y cananeos. Una vez más, la fe auténtica es capaz de mover montañas, trazar y construir puentes.
No hay delito que perseguir. La dignidad de las personas que intervienen en el relato es respetada y su defensa es propuesta como tarea permanente de/para todos. La fe de la mujer es la fe de los sencillos, los limpios de corazón, los comprometidos. La compasión de Jesús termina por sepultar prejuicios y perdonar historias tóxicas. La fe de la mujer cananea invita a aceptar las sanas diferencias como una oportunidad para construir la paz entre personas, familias y pueblos. “La paz comienza con la empatía por el dolor del otro” (Cardenal Parolín).
Con mi afecto y bendición en la gestación de un nuevo ciclo escolar.
Originario de Granados, Sonora.
Obispo de/en Zacatecas
