
Nueva presencia que nos compromete
Mons. Sigifredo Noriega Barceló
“Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”
Mateo 28,16-20
Mayo 17 de 2026.- La Ascensión del Señor nos encuentra de fiesta en fiesta. El mes de mayo se caracteriza por estar tapizado de ocasiones para festejar. En esta semana viene el día del estudiante y, en un descuido, se cruza también la fiesta de alguien que cumple años o celebra algún aniversario. Dios quiera que todas las fiestas terminen bien, dejen una lección en el presente y abonen buena semilla para el futuro.
Cuando preparamos una fiesta nos preguntamos cómo celebrarla combinando el pasado recibido, el presente vivido y el futuro deseable. El pasado lo podemos abarcar a través de las historias de los pioneros, forjadores, protagonistas. El presente es visible en las personas de diferentes edades, sus sueños, logros, luchas, fracasos. ¿El futuro? Aunque alguien se ha atrevido a narrar la historia del futuro, la realidad es que solamente podemos desearlo y ponerle bases sólidas, pero no poseerlo al cien, todavía. Sin embargo, sin anhelos de futuro pierde sentido el pasado y el presente.
¿Qué futuro tiene la fiesta? ¿Tiene futuro? ¿Cómo serán las fiestas del futuro? ‘Con el favor de Dios nos vemos el año q’entra’, terminamos abrazándonos en muchas de nuestras fiestas. El sentirse a gusto, la paz, el gozo… apuntan a algo más que el ‘vivir el momento’. El triunfo, la gloria, la victoria se asoman por las ventanas de la vida y parecen ser parte integrante de la fiesta que apunta hacia la fiesta sin fin.
En la fiesta de la Ascensión, Cristo aparece triunfante y glorioso. El misterio-acontecimiento de la Ascensión es descrito con símbolos de victoria: la nube, las alturas, el ascender, la gloria. Antes describe el cumplimiento de su misión, asumida y vivida con valentía y generosidad. El Cristo de Belén, muerto en el monte Calvario por nuestros pecados, es exaltado, elevado a los cielos, sentado a la derecha del Padre.
Mateo sitúa el acontecimiento en Galilea, lugar de encrucijada de los caminos, lugar del inicio del llamado y de la misericordia.
Jesús retorna al Padre después de haber recorrido con los hombres las encrucijadas de la vida. La Ascensión del Señor despierta en nosotros la esperanza del cielo nuevo y la tierra nueva; nos manifiesta la belleza y grandiosidad de ese cielo y nos encomienda la misión de construirlo ya desde ahora en la tierra.
El «yo estaré con ustedes todos los días», nos da inmensa confianza. La Ascensión es la presencia permanente del Resucitado en/con nosotros. La Iglesia nace y se sostiene desde esta certeza: el Señor Resucitado acompaña a su pueblo y sigue actuando en la historia.
Algunos ‘vacilaron’ en aquel tiempo y muchos en el nuestro. Jesús se va sin que el proceso de fe de los discípulos esté terminado. Hay un proyecto que realizar para aspirar a un fin glorioso. Jesús confía en los suyos y en la misión que les encomienda. Es el inicio del tiempo de la Iglesia, el tiempo de quienes aceptan el misterio de gloria y se comprometen en la misión.
El Señor esté con ustedes en todo momento.
Con mi bendición.
Originario de Granados, Sonora.
Obispo de/en Zacatecas
