Evaluación de la educación, zafo

ESPECIAL, dic. 7.- Ha sido una característica de este gobierno negar sus fallas y deficiencias o, cuando éstas resultan inocultables, responsabilizar a alguien más, usualmente a gobiernos anteriores.

Eso ha pasado, por ejemplo, en la seguridad pública, tema en el que, a cinco años de iniciada la administración, se siguen achacando los malos resultados a la “guerra” que emprendió contra la delincuencia el expresidente Felipe Calderón, cuyo sexenio concluyó en 2012. Eso, pese a que este periodo presidencial será recordado por haber superado ampliamente el número de homicidios dolosos ocurridos en todos los gobiernos anteriores.

Ahora toca eludir la responsabilidad del desastre educativo, evidenciado por los resultados de la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA), de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En los rubros evaluados –matemáticas, lectura y ciencia–, México quedó muy por debajo de los promedios de la OCDE, pero, además, registró descensos respecto de la prueba anterior, realizada en 2018.

Aunque podría alegarse que la pandemia afectó el desempeño de los estudiantes de muchos países evaluados, entre ellos el nuestro, sorprende la reacción que ha tenido el gobierno mexicano.

En un comunicado difundido la noche del martes –luego de varias horas de silencio–, la Secretaría de Educación Pública cuestionó la precisión del examen.

“Las pruebas internacionales estandarizadas no consideran las condiciones reales en las que se desarrolla el trabajo docente, así como los procesos situados de la enseñanza y los aprendizajes en las aulas de distintos países”, señaló.

“Es necesario realizar un análisis considerando el contexto de los resultados de estas pruebas, como las condiciones socioeconómicas y culturales de cada país para evitar interpretaciones reduccionistas”, agregó.

Sin embargo, como reseñó nuestra compañera Laura Toribio en la edición de ayer de Excélsior, las insuficiencias que exhibió la prueba incluyen el que dos de cada tres alumnos mexicanos no lograron hacer operaciones matemáticas básicas, como conversiones de una moneda a otra. Es decir, nada que ver con diferencias culturales entre países.

El presidente Andrés Manuel López Obrador incluso fue más allá y, ayer, en su conferencia mañanera, acusó a la OCDE de aplicar una evaluación con “parámetros que se crearon en la época del neoliberalismo” y dijo que su gobierno no la tomará en cuenta. “Es como si tomara en cuenta una opinión del Fondo Monetario Internacional. ¡Zafo!”.

El problema es que México forma parte de la OCDE desde 1994, y del FMI desde 1945. Si esa va a ser la posición del gobierno de México, sería mejor dejar de participar en dichas organizaciones y renunciar, por cierto, a la Línea de Crédito Flexible del FMI, que se renovó hace unos días.

Los problemas no se superan metiendo la cabeza en la arena o descalificando a los portadores de malas noticias.

Cuando los votantes quieran saber por qué sus hijos no pueden hacer una conversión de dólares a pesos, para conocer si la remesa llegó completa o mordisqueada, a ver qué les responden los que andarán ofreciendo continuidad política el año que entra.

Buscapiés

*Aunque él mismo aceptó que se trataba de una hipótesis, el presidente López Obrador afirmó ayer en su mañanera que el asesinato de los cinco estudiantes de medicina en Celaya fue por un tema de “consumo de drogas”. ¿Y luego? ¿Eso es suficiente para que los mataran? ¿Ahí termina el asunto?

*Por otro lado, qué grave es que el mandatario acepte que hay áreas en este país que “pertenecen” a grupos delictivos. Cuando el general estadunidense Glen VanHerck, jefe del Comando Norte, aseguró que entre 30 y 35% del territorio mexicano es controlado por grupos delictivos, el gobierno lo negó categóricamente.

Por Pascal Beltrán del Río

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