Ministros de la corte: entre la presión y la devoción

“Zaldívar, el devoto de la ‘Cuarta Transformación’, le está apostando a ese proyecto político abiertamente, y le da con ello al Presidente Andrés Manuel López Obrador la oportunidad de proponer a un quinto ministro para integrar la Corte, con suerte, uno que no lo ‘traicione’, o que, por lo menos lo ponga a él por encima de la Constitución”.

ESPECIAL, nov. 8.- Uno por presión y otro por devoción, pero de manera insólita en 29 años, dos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación han renunciado durante esta administración al Poder Judicial.

Efectivamente, desde la reforma de 1994 con la cual el entonces Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León redujo de 26 a 11 los ministros integrantes de la Corte, y renovó la totalidad de la representación del Poder Judicial, ningún colegiado había renunciado al conocido como el máximo honor para un abogado en el País, hasta que llegó a la Presidencia de la República Andrés Manuel López Obrador.

En esa reforma de 1994 se precisó, además, un sistema escalonado para la terminación del cargo de los once ministros juramentados como tales aquel año, y a partir de la renovación, el encargo duraría 15 años, de esta forma, ningún Presidente de la República podría, con sus propuestas, designar a más del 33 por ciento de los ministros durante su administración, con lo cual se supone, se garantizaba la independencia del por sí autónomo Poder Judicial.

La renovación de la Corte se determinó así: dos ministros concluirían su encargo en 2003, otros dos en 2006, dos más en 2009, otros dos en 2012, y tres en 2015. Sin embargo, el Presidente Felipe Calderón Hinojosa propuso ternas para la renovación de cinco ministerios. Dos al Presidente Enrique Peña Nieto, y con la terna que enviará para subsanar la renuncia presentada por el Ministro Arturo Zaldívar (propuesto, por cierto, por Calderón) el martes 7 de noviembre de 2023, López Obrador, habrá nombrado a cinco ministros.

Ciertamente a pesar de haber sido impulsado como Ministro por el último Presidente de la República emanado del PAN, el doctor Arturo Zaldívar demostró, a partir de diciembre de 2018, una inclinación hacia la ideología del Presidente Andrés Manuel López Obrador, resumida en la denominada por él mismo como la “Cuarta Transformación”, a partir de un Gobierno de “transformación” que no se materializa.

En Zaldívar, López Obrador encontró un aliado. Jugó con él cuantas veces quiso y pudo, además que como presidente de la Corte fue notoria una tersa relación entre los dos poderes, el Judicial y el Ejecutivo. Justificó con votos a favor, aun cuando no en todas, en las deliberaciones a favor de la ideologíalopezobradorista, e incluso la bancada morenista en la Cámara de Diputados propuso y aprobó en el 2021 ampliar el mandato de Zaldívar como presidente de la Corte, a sugerencia pública del Presidente López Obrador, hasta 2024 cuando el encargo finalizaba en diciembre de 2022.

El caso, como muchos otros excesos de Morena por obra y gracia del capricho presidencial, terminó en la Corte ante la impugnación de la oposición. Arturo Zaldívar se pronunciaría posteriormente contra la extensión de su mandato, el cual era, vaya, inconstitucional.

El Presidente López Obrador aspiraba a que fuese Zaldívar quien le acompañase hasta el final de su administración como titular del Poder Judicial, no sólo para continuar con una dócil Suprema Corte, al menos con quien la encabezaba, sino para que fuesen juntos los estrategas detrás de la ansiada lopezobradorista Reforma Judicial… pero llegó la Ministra Norma Piña a la titularidad del Poder Judicial y el escenario cambió.

Sin embargo, así como públicamente López Obrador ha alabado a Zaldívar, también ha despotricado contra quienes él promovió para ocupar una silla en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, particularmente contra dos ministros que, con toda independencia y autonomía, han votado observando la Ley y no los caprichos presidenciales, lo cual, para el ocupante de Palacio Nacional, resulta en una traición. Se trata de los colegiados Juan Luis González Alcántara y Margarita Rios Farjart; en contra parte, ha estado muy complacido con las actuaciones, y las votaciones de las ministras Yasmín Esquivel Mossa y Loretta Ortiz Ahlf, quienes le son incondicionales al Presidente y no a la Constitución.

Muy deteriorada la relación entre el Poder Judicial y el Poder Ejecutivo que encabeza López Obrador, resulta para Arturo Zaldívar, es evidente, más satisfactorio dejar la Corte y entregarse de lleno y abiertamente a la misteriosa “transformación”.

La insólita renuncia a la Suprema Corte de Justicia de la Nación por parte de un Ministro fue la de Eduardo Medina Mora en los primeros días de octubre de 2019, cuando apenas cumplía cuatro años en el encargo. Lo hizo después de presiones desde la Presidencia de la República que se centraron en investigaciones de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, y de la Fiscalía General de la República, por supuesto lavado de dinero. La realidad, es que las indagaciones se apagaron una vez presentada la dimisión del colegiado, y “los movimientos sospechosos” de millones de pesos, dejaron de serlo.

Medina Mora se había convertido en el 2019, en el Ministro al que se recurría -aunque no sucedió- para girar la balanza contra las iniciativas del Presidente y su nebulosa “Cuarta Transformación”, además, había sido Procurador General de la República con el Presidente Felipe Calderón Hinojosa, justo el exmandatario más repudiado por López Obrador.

El asedio contra Medina Mora incluía a su familia y las compañías de los mismos, hasta que presentó su renuncia y la presión cesó.

A diferencia de la renuncia de Medina Mora, en contexto de presión política administrativa, la de Zaldívar se da en un escenario de devoción hacia la ideología de la “Cuarta Transformación” que a la fecha el Ejecutivo no ha explicado qué es, y esperemos que al menos Zaldívar lo entienda. Así lo deja ver él mismo en su carta de renuncia, donde justifica: “…considero que mi ciclo en la Suprema Corte ha terminado y que las aportaciones que puedo realizar desde esta posición en la consolidación de un mejor país se han vuelto marginales. Estimo que es de la mayor importancia sumarme a la consolidación de la transformación de México, desde los espacios que me brinden la oportunidad de tener incidencia en la construcción de un país más justo y más igualitario, en el que sean prioridad quienes menos tienen y más lo necesitan…”.

Dejando de lado que se veía marginado en la Corte, y la incongruencia de dejar el máximo Tribunal de justicia del País, para buscar la oportunidad de “construir un país más justo”, Zaldívar cumplió a cabalidad política eso de sumarse “a la consolidación de la transformación de México”, al posar, inmediato a su renuncia, con la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, la virtual candidata de Morena y aliados a la Presidencia de la República en 2024. Rápido fue Zaldívar para mostrar las cartas que asumía tener ocultas en su silla judicial.

De tal forma, es la primera ocasión en 29 años que un Ministro renuncia a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para dedicarse al proselitismo político electoral en un partido, en este caso Morena y su virtual candidata. A Arturo Zaldívar le quedaba un año como Ministro, pero apremia más que la Constitución les prohíbe a los colegiados, en los dos años siguientes a su formal salida del Poder Judicial, ser designados secretarios de estado, jefe de departamento administrativo, Fiscal General de la República, Gobernador, Senador, o Diputado.

Zaldívar, el devoto de la “Cuarta Transformación”, le está apostando a ese proyecto político abiertamente, y le da con ello al Presidente Andrés Manuel López Obrador la oportunidad de proponer a un quinto ministro para integrar la Corte, con suerte, uno que no lo “traicione”, o que, por lo menos lo ponga a él por encima de la Constitución.

Por cierto, el tercer párrafo del Artículo 98 constitucional, establece que “las renuncias de los ministros de la Suprema Corte de Justicia solamente procederán por causas graves; serán sometidas al Ejecutivo y, si éste las acepta, las enviará para su aprobación al Senado”.

A diferencia de Medina Mora, en el caso de Zaldívar no se observa la gravedad, salvo lo grave que resulta que deje la Corte para sumarse a un proyecto político…

Por Adela Navarro Bello

www.sinembargo.mx

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