
Padres de familia de la EBDI No. 131 denuncian casi tres meses de suspensión y exigen una solución definitiva al problema eléctrico
Navojoa, Sonora, 24 de agosto de 2026.
Madres y padres de familia de la Estancia de Bienestar y Desarrollo Infantil (EBDI) No. 131 hacemos un llamado a los medios de comunicación y a la opinión pública para dar a conocer una situación que, después de casi tres meses, continúa sin resolverse y que mantiene en la incertidumbre a decenas de familias trabajadoras.
Nuestros hijos deberían acudir diariamente a una estancia segura, digna y con los servicios básicos necesarios para su atención. Sin embargo, durante el presente ciclo escolar hemos enfrentado una serie de problemas que han provocado suspensiones constantes del servicio y que, en nuestra opinión, representan una situación que ya no puede seguir siendo ignorada.
Durante el ciclo escolar se registraron dos conatos de incendio dentro de la estancia, además de constantes problemas con el suministro eléctrico. A esto se sumó el mal funcionamiento de los equipos de aire acondicionado, provocando que los menores tuvieran que permanecer en condiciones de calor excesivo.
También se han presentado problemas con el suministro de agua y suspensiones constantes de actividades.
Ante esta situación, y al observar que las autoridades responsables no daban una solución efectiva, los propios padres de familia nos vimos obligados a tomar las instalaciones de la estancia como medida de presión, buscando que nuestras exigencias fueran escuchadas y que se atendieran las necesidades urgentes del inmueble.
La intención nunca fue perjudicar a nadie. Lo hicimos por nuestros hijos.
Después de aquella acción se realizaron algunos trabajos y se atendieron determinadas necesidades; sin embargo, uno de los problemas más graves continúa sin resolverse: el transformador eléctrico.
Desde hace semanas se nos ha informado que el transformador se encuentra “en mantenimiento” y que una empresa particular es la encargada de atenderlo. Pero los padres de familia consideramos que, después de tantos problemas y de los antecedentes de dos conatos de incendio, no podemos seguir dependiendo de reparaciones temporales de un transformador que ya es viejo y que ha demostrado que no puede garantizar un servicio confiable.
La semana pasada, ante la desesperación de las familias, tuvimos nuevamente que recurrir a medios de comunicación y redes sociales para ejercer presión y pedir que se agilizaran los trabajos.
Pensamos que finalmente seríamos escuchados.
Pensamos que nuestros hijos podrían regresar.
Pero hoy, lunes 24 de agosto, cuando se tenía previsto el regreso del 100% de los menores a la estancia, ocurrió nuevamente lo que tanto temíamos:
El transformador volvió a fallar.
Los padres de familia fuimos llamados nuevamente para recoger a nuestros hijos.
Sin electricidad, tampoco hay agua, ya que la bomba que abastece la estancia depende del suministro eléctrico.
Y nuevamente se nos informó que el servicio será suspendido durante esta semana.
¿Hasta cuándo?
Esta es la pregunta que hoy hacemos públicamente.
¿Cuánto tiempo más tendremos que esperar?
¿Cuántas veces más nuestros hijos tendrán que ser enviados de regreso a casa?
¿Cuánto tiempo más tendremos que pagar a otras personas para que cuiden de ellos mientras nosotros trabajamos?
La mayoría de los padres de familia somos trabajadores de la educación y necesitamos el servicio de la estancia precisamente para poder cumplir con nuestras responsabilidades laborales.
Llevamos casi tres meses enfrentando esta situación, buscando quién cuide a nuestros hijos, pagando por ello y reorganizando nuestras familias y nuestros trabajos.
Y mientras tanto, nosotros hemos cumplido con nuestras obligaciones.
A los padres de familia se nos solicitó la compra de materiales didácticos y materiales de limpieza, además de un depósito de $600 por alumno en la papelería. Incluso se nos indicó que, si no se entregaba el material completo y se cubría el pago correspondiente, los niños no tendrían derecho a presentarse en la estancia.
Los padres hicimos el esfuerzo.
Cumplimos.
Fuimos pacientes.
Fuimos empáticos.
Dimos tiempo para que se realizaran las reparaciones necesarias.
Pero nuestra paciencia se agotó.
Porque una cosa es esperar para que se hagan reparaciones y otra muy diferente es aceptar que nuestros hijos sigan expuestos a una situación que no nos brinda certeza de seguridad.
Como padres de familia no queremos que nuestros hijos regresen simplemente porque “ya pasó el tiempo suficiente”.
Queremos que regresen cuando las instalaciones sean seguras y funcionales.
No queremos que se minimicen los dos conatos de incendio que ya ocurrieron.
No queremos que se normalicen las fallas del transformador.
No queremos que la falta de electricidad vuelva a dejarnos sin agua.
No queremos otra suspensión de último momento.
Y, sobre todo, no queremos que tenga que ocurrir una tragedia para que finalmente se tome en serio nuestra preocupación.
México tiene una herida que jamás debe olvidar: el incendio de la Guardería ABC.
Los padres de familia de la EBDI No. 131 no queremos volver a escuchar después de una tragedia que “nadie sabía”, que “nadie imaginaba” o que “no había antecedentes”.
Sí hay antecedentes.
Ya hubo dos conatos de incendio.
Ya hubo fallas eléctricas.
Ya hubo problemas con los aires acondicionados.
Ya hubo falta de agua.
Ya hubo suspensiones constantes.
Ya hubo una toma de las instalaciones por parte de los padres.
Ya hubo presión en medios de comunicación y redes sociales.
Y, aun así, hoy seguimos prácticamente en el mismo punto.
Por eso recurrimos nuevamente a los medios de comunicación.
No buscamos protagonismo.
No buscamos conflictos.
Buscamos que nuestros hijos estén seguros.
Buscamos que las autoridades responsables escuchen finalmente a las familias que dependen de este servicio.
Y buscamos una solución definitiva, no otra reparación temporal que nos lleve nuevamente al mismo problema unas semanas después.
Nuestros hijos tienen derecho a una estancia digna y segura.
Nosotros tenemos derecho a trabajar con la tranquilidad de saber que nuestros hijos están siendo atendidos en condiciones adecuadas.
No queremos esperar a que ocurra una tragedia para que nuestra preocupación sea tomada en serio.
Hoy somos padres de familia preocupados, cansados y profundamente molestos.
Pero, sobre todo, somos padres que estamos intentando proteger a nuestros hijos.
Por eso pedimos a los medios de comunicación que nos ayuden a hacer visible esta situación y a exigir que las autoridades correspondientes intervengan de manera inmediata.
Porque nuestros hijos no son números.
Son nuestros hijos.
Y su seguridad no puede esperar.
MADRES Y PADRES DE FAMILIA
EBDI No. 131
Navojoa, Sonora
