La lucha en el Mar de Cortés para revivir ‘el acuario del mundo’

El cambio climático ha golpeado la diversidad de Golfo de California que deslumbró al oceanógrafo francés Jacques Cousteau. Varias iniciativas en la zona buscan regenerar sus ecosistemas

ESPECIAL, dic. 12.- El Mar de Cortés, también conocido como Golfo de California, muestra graves señales de deterioro como consecuencia del cambio climático y los efectos de la acción del hombre: desde la extinción de especies terrestres y acuáticas, hasta el aumento de la temperatura en ciertas zonas. “Esta región ha estado experimentando algo que ya está aquí, no es el futuro. Durante tres décadas ha estado incrementando la temperatura”, advierte Octavio Aburto, profesor en el Instituto de Oceanografía Scripps de la Universidad de California. ”Hay islotes en donde desde la superficie hasta 40 metros de profundidad detectamos 30 grados de temperatura” señala.

El “acuario del mundo”, como denominó el oceanógrafo francés Jacques Cousteau al Golfo de California, ya no existe como se le conocía hace 40 años, pues, según Aburto, el 80% está dañado. De ahí que el ecólogo y fotógrafo se dedique desde hace dos décadas al estudio de esta zona, combinando la ciencia y la investigación con su activismo para su conservación.

Y es que, si bien el ser humano puede destruir, “también puede regresar todo a como estaba”, asegura. Un ejemplo de conservación y recuperación es Cabo Pulmo, un parque nacional en Baja California Sur considerado área natural protegida, que resguarda un arrecife de coral que Aburto cuida celosamente junto a los lugareños. La recuperación de especies en esa zona de más de 400% ha sido documentada por el científico mexicano y pretende ser replicada en otros lugares.

Aburto comenzó un fondo, con parte de la la herencia que dejó su amigo Walter Munk, también oceanógrafo, a la Universidad de California, para emprender un proyecto de conservación con comunidades del Golfo de California que se han quedado atrás. Además del caso de Cabo Pulmo, hay otras historias de éxito en la región para el rescate de las especies y los ecosistemas, que se presentaron el mes pasado en la marco de la edición de 2023 del Foro Mar de Cortés.

Arrecifes artificiales que preservan peces

“Mi padre era pescador y un día se dio cuenta que había muchos peces alrededor de las ostras de acuicultura. Después de años de prueba y error, demostró que las conchas ayudan a proteger, alimentar y reproducir a los peces”, cuenta Masaki Katayama, presidente de la empresa japonesa Ocean Construction Company.

A partir de ese hallazgo, Katayama desarrolló la tecnología llamada Shell Nurse, arrecifes artificiales a base de conchas como un medio para aumentar la biodiversidad de especies y las poblaciones de peces. En Japón, tuvo resultados y es utilizada hasta ahora en 20.000 ubicaciones distintas. “Hay un muy buen historial de mejora o aumento de la población de peces en todo Japón, y debido a que estas estructuras las construyen los pescadores artesanales, es una oportunidad de obtener un ingresos adicionales”, dice Koichiro Ishimori, representante del proyecto en la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA).

La innovación se trajo a México en mayo de este año. Alrededor de 200 arrecifes artificiales se instalaron en la Bahía de la Paz, en el Golfo de California como parte de un proyecto en el que participan la JICA y la empresa Ocean Construction. Para su elaboración, se utilizaron tres toneladas de residuos de conchas que aportaron los mismos pescadores de la zona. El espacio estará protegido durante dos años para que nadie pesque en ese tiempo y pueda darse la recuperación del ecosistema.

A tan solo tres meses de su instalación, ya hay evidencia de un aumento en la densidad de unas nueve especies de peces. “Son peces que ya existían, pero decidieron venir. Hay una mayor congregación de pez piedra, burritos, pargo amarillo, sargentos… Ni en la Isla Espíritu Santo, en la misma bahía, que tiene zonas de protección, hay esta densidad”, refiere Alejandro Robles, presidente de NOS Noroeste Sustentable, con más de 40 años estudiando el Mar de Cortés.

Debido a ese resultado, el Gobierno de Baja California Sur decidió financiar otros 200 arrecifes más para tratar de recuperar las especies comerciales. “La idea es llevarlo a otros sitios del Golfo para ayudar a recuperar especies sobreexplotadas, y contar con más opciones económicas para la población, pues el arrecife puede usarse para pescar, bucear, pesca deportiva, snorkelear”, dice Robles.

La tecnología ayudará a la productividad de unos 900 pescadores en el Mar de Cortés. Gracias a los arrecifes artificiales, un pescador en Japón puede vivir de la producción de 1,7 hectáreas, mientras que, de media, en México, 50 hectáreas no bastan para un solo pescador.

Robles, de NOS, señala que los arrecifes, por principio ayudan a recuperar el hábitat de las distintas especies, pero advierte que, si no cambian las causas que originaron el agotamiento de la especie, se caería de nuevo en la sobreexplotación. Por eso, la implantación de la medida se acompaña de un cambio en la gobernanza y manejo de los ecosistemas. “De entrada, el hecho de que la comunidad coopere en la instalación del arrecife lo compromete con su conservación”, apunta. “Cuando ya se recuperó la población, puede regresar la pesca comercial bajo reglas del juego muy claras para evitar la sobreexplotación”, indica. Además de la suya, son varias organizaciones de la región que están trabajando con las comunidades “para desarrollar sus capacidades para la toma de conciencia, acuerdos colectivos, seguimiento a planes de manejo y la diversificación de actividades, con el objetivo de disminuir la presión por pesca”, indica.

Al rescate del cóndor californiano

Hace 21 años, Catalina Porras emprendió un camino que ha implicado grandes sacrificios. “Vivimos en tiendas de campaña por mucho tiempo. Seguimos sin agua corriente y todavía no nos bañamos todos los días. Cada vez que cae nieve tenemos que palearla”, cuenta. “Me la tuve que fletar muchas veces con sopas Maruchan, granola y frutos secos”. Porras es una científica dedicada a la conservación de una especie en peligro de extinción, el cóndor californiano, una ave carroñera que mide 1,40 metros.

Desde 2003 entregó su vida, literalmente, al Programa de Reintroducción del Cóndor Californiano, del cual es directora, junto con su colega Juan Vargas, jefe de campo del proyecto. Este animal se extinguió en México en 1970 y quedaban 22 en el Estado de California. El Gobierno estadounidense decidió capturarlos para salvar a la especie y comisionó a los zoológicos de San Diego y Los Ángeles empezar un programa para su crianza y conservación que a su vez encomendaron a los biólogos mexicanos.

El sitio elegido hace 21 años para llevar a cabo el programa, liberar a las aves, y en el que han residido los científicos fue la Sierra de San Pedro Mártir, en la península de Baja California. Desde entonces, el cóndor californiano sobrevuela los cielos de la región del Mar de Cortés. “Sobrevivimos por el amor y el compromiso de recuperar una especie que se extinguió por culpa del ser humano”, dice Porras. Su amor llega al punto de poder distinguir prácticamente a cada uno de los animales.

Desde que llegó a la sierra, Juan Vargas supo que sería un proyecto de por vida. Las aves ponen un huevo cada dos años y llegan a vivir hasta 70 años. “Es muy fácil extinguir una especie y es muy complicado, volver a reintegrarla al medio silvestre. Pero en estos 21 años, ya me di cuenta de que sí se puede, que ya lo logramos”, dice el biólogo.

No es un falso optimismo. Actualmente ya hay una población de 48 cóndores en libertad, de los cuales dos nacieron este año y se espera un par de nacimientos más el próximo. “El cóndor de California es quizá el proyecto de conservación más importante que tiene México”, señala Vargas. Pero el programa está en riesgo, pues hace cinco años el Gobierno estadounidense dejó de financiarlo. Y aunque este año accedió a apoyarlo dos años más con 200.000 dólares, el Gobierno mexicano tenía que firmar una carta para ello, que no firmó.

Los científicos no se rinden y apuestan a una campaña para la adopción de cóndores que lanzaron recientemente. “La manera de adoptar es muy sencilla: son 110.000 pesos (6.300 dólares) anuales. Se puede nombrar al cóndor que se adopta, se le entregan fotografías firmadas y numeradas en una edición exclusiva de su cóndor y la probabilidad de irlo a visitar”, dice Carolina Porras.

Por VERÓNICA GARCÍA DE LEÓN ROBLES

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