Las condiciones de Ebrard

ESPECIAL, jun. 7.- Sigo pensando que Claudia Sheinbaum es la aspirante favorita de López Obrador para convertirse en la próxima candidata presidencial de Morena. Si la jefa de Gobierno capitalino efectivamente logra esta candidatura, la gran pregunta es qué hará Marcelo Ebrard.

Hay quienes continúan creyendo que el secretario de Relaciones Exteriores romperá con Morena y se lanzará como candidato de algún partido de oposición (Movimiento Ciudadano, por ejemplo) o de la propia coalición lopezobradorista (¿el Verde?). Yo lo dudo. Marcelo es un político muy abusado que sabe que tiene poco que ganar y mucho que perder si desconoce la candidatura de *Sheinbaum y compite en la elección presidencial por otro partido que no sea Morena.

El rompimiento de Ebrard seguramente desataría la ira del presidente López Obrador, quien tiene el poder de hacer pomada a Marcelo en un par de mañaneras. No sólo lo tildaría de traidor a la patria, sino que hasta súbitamente reaparecerían las carpetas de investigación por el accidente de la Línea 12 del Metro.

Las duras críticas de AMLO en contra de Ricardo Mejía Berdeja, quien desconoció los resultados de las encuestas para elegir candidato a gobernador de Coahuila por Morena y decidió lanzarse bajo las siglas del PT, eran mensajes muy claros para los perdedores de la candidatura presidencial morenista: ¡ni se les vaya a ocurrir tomar el camino de Mejía Berdeja!

¿Qué le queda, entonces, a Ebrard?

Primera opción: esperar que la candidatura de Sheinbaum se caiga por alguna razón, no llegue a las elecciones de 2024 y él entre al relevo.

Así lo trató de hacer su mentor, Manuel Camacho.

En cuanto el presidente Salinas destapó a Luis Donaldo Colosio en noviembre de 1993, el entonces jefe del Departamento del Distrito Federal se negó a felicitar al agraciado y renunció a su puesto. Salinas, de inmediato, lo nombró secretario de Relaciones Exteriores, con el fin de aplacarlo. Cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se levantó en armas, el primero de enero de 1994, Camacho convenció a Salinas que lo nombrara como coordinador para el Diálogo y la Reconciliación en Chiapas. Como no era un puesto de gabinete, lo habilitaba legalmente para participar como candidato presidencial ese año. Esto desató una serie de rumores de que Camacho sustituiría a Colosio, cuya campaña supuestamente no levantaba. En eso andábamos cuando ocurrió el asesinato de Colosio, que no sólo mató al candidato priista, sino cualquier posibilidad de Camacho de reemplazarlo.

Claramente no le funcionó al mentor de Ebrard su plan de convertirse en la opción B del partido gobernante. Marcelo podría jugar este mismo juego, pero, obviamente, aprendiendo de los errores que cometió Camacho.

La segunda opción de Ebrard es vender caro su amor.

Asumir que ya perdió y conseguir un buen puesto político para después del 2024. Ser, por ejemplo, líder de Morena en el Senado y ver si, desde ahí, podría lanzarse a la Presidencia en 2030. Para ese entonces Marcelo tendría 70 años de edad. Si Biden se presentará a la reelección de la Presidencia estadunidense a los 80, ¿por qué no lo haría Ebrard con diez años menos de edad?

En todo caso, lo importante es mantenerse vigente con un puesto donde tenga recursos y visibilidad en la opinión pública nacional.

Para que Marcelo reconozca su derrota y levante el brazo a Claudia, tiene que conseguir que López Obrador acepte las tres condiciones que él está poniendo para participar en la contienda morenista. A saber: “[…] separarnos de los cargos públicos quienes vamos a participar, para que haya equidad en el proceso interno, exponer y contrastar en público las propuestas de cada cual y, desde luego, asegurar que la encuesta a realizarse sea amplia, transparente y verificable, idealmente con una sola pregunta”.

Para darle credibilidad a su propuesta, Marcelo ya mismo anunció que renunciará a la Secretaría de Relaciones Exteriores el próximo lunes 12 de junio.

¿Aceptará AMLO las condiciones de Ebrard?

Depende qué tanto el Presidente quiera proteger a Sheinbaum.

Si siente que su delfina es vulnerable y las condiciones de Marcelo la pueden afectar, rechazará las condiciones porque, de todas formas, Ebrard no pateará el pesebre, sino que, al final, se disciplinará después de hacer algún tipo de pataleta para salvar cara.

Si, en cambio, AMLO considera que Claudia puede ganar con las tres condiciones impuestas por Ebrard, las aceptará en el entendido que, en cuanto la destapen, Marcelo correrá a levantarle el brazo a la ganadora, ya con una senaduría asegurada para el próximo sexenio.

Por Leo Zuckermann

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