Discípulos a tiempo completo

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

“Jesús tomó la firme determinación de ir a Jerusalén… Te seguiré a dondequiera que vayas”. Lucas 9,51-62

Cada época ha hecho lo que está a su alcance para anunciar/ presentar la grandeza única de Jesucristo. Basta contemplar pinturas, esculturas, literatura, música, cine… para darnos una idea de lo que ha significado y significa para la humanidad. Sin embargo, lo que cuenta al final es que se grabe en el corazón y transforme la vida del creyente. En nuestros días están siendo votados ‘otros evangelios’ que ofrecen ofertas de salvación baratas, a la medida, descartables.

El Evangelio de Jesucristo no busca conseguir admiradores sino seguidores/discípulos. En el correr de la historia encontramos de los dos tipos. Los santos -discípulos al cien- tuvieron que pasar de la admiración al seguimiento radical. Su proceso de conversión los llevó por caminos que nunca imaginaron. En algún momento de su vida tuvieron que tomar la ‘firme determinación’ de tomar la cruz del amor total e irrevocable, seguir a Jesús y amar a sus amigos (leprosos, enfermos, pecadores públicos y privados, excluidos…)

El llamado al seguimiento de Jesús ha existido desde los albores de la Iglesia. En nuestro tiempo suena raro, quizás ni suena, o, no conviene que suene. Las nuevas culturas secularizadas (‘sin Dios’, con otras biblias de referencia) con la crisis de valores que conllevan, provocan que el índice de increencia e indiferencia alcancen niveles nunca vistos. El seguimiento radical de Jesús no entra en el proyecto de vida de quienes se dicen cristianos. Posiblemente así se explique el por qué muchos bautizados no quieran entrarle, mucho menos asumir los compromisos que exige el seguimiento.

El Evangelio de este domingo puede sonar exagerado, molesto para la sensibilidad de quienes hablan de no discriminación,

derechos humanos, desarrollo de la ‘libre personalidad’, vida digna, lealtad al jefe del partido… Pareciera que Cristo se propone desanimar a quien quiere seguirlo por el camino de la vida. Sin embargo, no es así. Su intención es mostrar que el camino del amor total pasa por el desprendimiento radical, implica renuncias, inseguridades (“las zorras tienen madrigueras”), ruptura con el pasado (“deja que los muertos entierren a sus muertos”); es una decisión irrevocable (“el que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”).

Seguir a Jesús es algo muy serio; va mucho más allá de la sola admiración, las costumbres y la práctica religiosa. El compromiso debe ser total, confiado en el cumplimiento de las promesas de las bienaventuranzas. Nada de componendas, rebajitas, añoranzas… mucho menos, traiciones y deslealtades. El amor es radical o no es amor. Nos consuela que Dios es fiel, que su amor es irrevocable y su misericordia es eterna.

Ha llegado la hora de ser cristianos de tiempo completo, radicales en el amor, buscadores humildes de la verdad, apasionados por el bien común, trabajadores incansables en la casa común, sensibles a las necesidades de los hermanos más necesitados… Está en nuestras manos ser discípulos comprometidos en la causa del Reino de Dios.

Con mi afecto fraternal y mi bendición.

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas

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