Está bien dejarse llevar por el viento ¡pero al menos se tu quien levante las velas y dirija tu bote!

Nuestro andar por la vida está en función de los sueños, metas y objetivos que nos planteemos, estos darán forma –siguiendo el símil de ese andar- a la fuerza de nuestro paso, a la velocidad de nuestro caminar y a la decisión, entereza y carácter de nuestra marcha.

Cuando en mis conferencias y talleres de liderazgo, emprendedurismo o motivación surge la idea de parte de quienes asisten de señalar los enormes, en ocasiones insalvables, retos que se enfrentan, me gusta tomar ese señalamiento y llevarlo al ejemplo del bote de velas y el viento que enfrenta.

¿En alguna ocasión has visto avanzar un bote de vela impulsado por el viento?, supongo que si lo cual no tiene mucho de asombroso ya que el viento infla las velas moviendo por así decirlo al bote sobre las olas, pero ¿en alguna ocasión has visto un bote de velas avanzar incluso en contra del viento?, no sé si lo hayas visto, lo que sí puedo decirte es que eso es algo real que cualquiera que sabe andar en esos vehículos conoce y domina.

¿Pero cómo se puede navegar contra el viento? Probablemente la mejor manera de explicarlo es con el Principio de Bernoulli, comparando lo que le sucede a una vela con el ala de un avión. El viento circula más rápido por la banda exterior de la vela (la que queda por fuera del barco) y más lento por la interior, por donde se hincha la vela. Al ir más rápido por el exterior, no puede empujar con tanta fuerza la vela, mientras que en la parte interior se genera una fuerza más grande contra la vela que compensa el hecho de circular más lento. Por lo tanto la vela recibe una fuerza más grande por el lado interior que es la que hace avanzar el velero.

De hecho, es lo mismo que pasa con un paraguas en un día de lluvia y viento cuando, todo y llevándolo plano, entra un poco de viento y notamos que el mango se nos va hacia arriba como si el paraguas se quisiera elevar solo. Pero si sólo interviniera esta fuerza, el barco se desplazaría lateralmente. Nos hace falta una fuerza que compense este abatimiento provocado por el viento. Esta fuerza la obtenemos gracias a la quilla y las orzas, que trabajan contra el agua para resistir las fuerzas laterales provocadas por el viento.

Sirva esta explicación para demostrar cómo es que lo que a uno le parece imposible (en este caso el que un bote de vela avance en contra del viento), bien puede no serlo y es más tener leyes (como en el ejemplo comentado físicas) que apoyan dicho fenómeno.

En este orden de ideas y antes de darte por vencido ante lo que pueden parecen obstáculos enormes y que parecen insalvables, toma nota de este ejemplo y más que dejarte vencer busca las formas de que incluso eso que enfrentas te sirva para impulsarte en pos de lo que te has planteado.

Las metas, sueños y objetivos que tengamos en nuestra vida nos marcarán el rumbo de nuestro destino, pero la fuerza para llegar a él debe provenir mayormente de nosotros mismos, así que no olvides que está bien dejarse llevar por el viento ¡pero al menos se tu quien levante las velas y dirija tu bote!

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

Formación • I+D+i • Consultoría

Desarrollo Empresarial – Gestión Universitaria – Liderazgo Emprendedor

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Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/OVAU1xmtTb0

 

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