«Aprendizajes del profesor Manuel Bosse»

Gracias a la invitación de mi amigo Rafael Robles, tuve la oportunidad de participar como conferencista en el Congreso Ryla, organizado por el Club Rotario de Navojoa para cientos de jóvenes líderes de secundarias y preparatorias del sur de Sonora.

Mi conferencia “La vida es un viaje” es una invitación a soñar y cumplir nuestros sueños; a recorrer la existencia con el ánimo de disfrutar, aprender y ser mejores cada día.

En ese marco, dediqué mi participación a dos grandes personajes de mi educación básica: Lombardo Ríos Ramírez y Manuel Germán Bosse Verdugo. De estos maestros aprendí muy temprano el valor de los sueños, me enseñaron a viajar por el mundo de la literatura, la historia y la cultura. Aprendí a conocer que los límites de las fronteras personales se amplían conforme nuestro esfuerzo y disciplina se incrementan.

Gracias al Profesor Bosse, viven en mi memoria leyendas, poemas, historias… de Góngora y Argote a Calderón de la Barca; de Homero a Dante Alighieri; de Amado Nervo a  Pablo Neruda.

“La Ilíada”, “La Odisea”, “La Celestina”, “La Vida es Sueño”, “Hamlet”…  viajes de mi infancia a mundos lejanos y apasionantes.

Y entre esas historias, “El Cantar del Mío Cid”, la gesta de Rodrigo Díaz de Vivar, anónimo, compuesto alrededor de 1200.

Hace algunos años, como peregrino, estuve en Burgos, antigua capital del reino de Castilla. Cuando crucé la puerta de Santa María para entrar al casco antiguo de la ciudad, pensé en el Profesor Bosse y en el Mío Cid. Automáticamente recité el nombre de los tres cantares en los que se divide la obra: “El destierro del Cid”, “Las bodas de las hijas del Cid” y “La afrenta de Corpes”.

Sufrí la pena del Campeador y mis ojos se humedecieron al estar en lugares en los que el personaje respiró.

El año pasado, de nuevo peregrino, antes de iniciar el Camino me regalé un día en Burgos. Entré a la catedral y me encontré con el sepulcro del Mío Cid.  Fue un instante de magia… estaba  en mi escritorio de la “Othón Almada”, al lado de mis queridos compañeros escuchando a un apasionado de la literatura, de fina estampa y estricto uso de la lengua: el Profesor Manuel Germán Bosse… y luego ahí, en la gótica catedral, frente a frente con Rodrigo Díaz de Vivar.

Así fue. Dos momentos de mi vida en uno solo. Un instante para recordar y agradecer la generosidad y grandeza de los verdaderos Maestros de mi vida.

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