Pensar en sí mismo y en definirse ha de ser muy infernal: Elena Poniatowska

CIUDAD DE MÉXICO, dic. 06.- “Definirse a sí mismo es difícil. Casi nunca lo hace ni lo piensa porque puede cambiar, hay algo de mucha vanidad en eso”, considera Elena Poniatowska al hablar sobre la segunda parte de su novela El Amante Polaco (Seix Barral), en la cual relata la vida de su ancestro el último rey polaco Stanislaw Poniatowski II, pero en la que además comparte algunos aspectos de su vida.

“A partir de cierta edad te fijas en los escalones para no caerte, te fijas cuando sales en la calle, te fijas en la expresión, en los ojos de los demás, en las flores; en cosas que no es que te alejen de ti misma, pero son poderosas y te ocupan. Pensar en sí mismo y en definirse ha de ser muy infernal, muy difícil. Uno puede pensar muy mal y a veces muy bien”, expresó la reconocida escritora y periodista en entrevista con SinEmbargo.

Al hablar sobre qué la llevó a escribir sobre Stanislaw Poniatowski, reconoce su fascinación por la cercanía que tuvo con su pueblo, “su trato igual a un duque, a alguien que tiene un título, que a algún campesino o jardinero. Su interés sobre cómo está, cómo pasó la noche, su querer encontrar condiciones económicas para los que no tienen nada. Eso es algo que admiro mucho”.

En su novela, Elena Poniatowska recrea a un rey entregado a su país en una Europa de hace trescientos años. De esta manera habla sobre las complicaciones que enfrentó el monarca: “Polonia estaba sobreviviendo y siempre luchó contra tres muy poderosos vecinos, que eran Rusia, Austria y Prusia, que entonces era Alemania. Esos vecinos siempre estaban en sus fronteras comiéndose parte de las tierras de Polonia”.

Uno de los aspectos que recrea es el romance de Poniatowski con la emperatriz rusa, Catalina la Grande, quien es la que vuelve Rey a Stanislaw. “Ella lo puso en el trono de Polonia y ella siguió con una vida extraordinaria de estadista. Es una mujer formidable, una pensadora, una mujer muy lúcida que se comunicaba con Voltaire, con Rousseau; los grandes filósofos franceses, los enciclopedistas”.

Elena Poniatowska señala que las cosas han cambiado en Europa y ahora no hay líderes como el último rey polaco. “Ya no hay en Europa esa manera de gobernar. Siempre es un cónclave de gente, un equipo. Los ministros en Europa tienen muchísima importancia”. En cuanto a América Latina, considera que en la región lo que se sufrió por mucho tiempo fueron los dictadores.

Al hablar sobre su ella, sobre historia, Elena confiesa extrañar la Ciudad de México a la que llegó de niña. “Extraño que ya no se vendan las naranjas en pirámides en las esquinas, que ya no se vendan flores en las esquinas. Extraño todo lo popular, lo cálido, que encontré cuando llegué. Me sorprendió y lo agradecí muchísimo porque yo vine en tiempos de guerra”.

No obstante, se rehúsa a trazar un perfil sobre ella y opta por ser pragmática: “Claro que uno piensa en sí mismo. Cuando uno tiene mi edad piensa mucho en sus hijos. Tengo tres hijos, tengo 10 nietos. Entonces tu pensamiento, lo que  sucede en tu cabeza, no es para pensar o definirte a ti misma ni nada, es para estar en la vida y para funcionar”.

— El Amante Polaco es una obra espléndida sobre un personaje tan interesante como Stanislaw Poniatowski II. En el inicio menciona cómo “un pueblo entero se salva si sabe hacer”. ¿Esta idea debe persistir en la actualidad?

–Sí, creo que sí. En nuestro caso en México, donde hay tanto talento, artesanía y respeto por la naturaleza, la guitarra, la música, en todos los campos destacamos, sería muy bueno fomentarlo. El hecho de que se pueda moldear y hacer cosas de madera  y barro.

—¿Cómo se construye un Gobierno a partir de la experiencia de Stanislaw?

—Te puedo decir que dentro de Europa, Polonia estaba sobreviviendo y siempre luchó contra tres muy poderosos vecinos, que eran Rusia, Austria y Prusia, que entonces era Alemania. Esos vecinos siempre estaban en sus fronteras comiéndose parte de las tierras de Polonia. Polonia ha sido heroica desde hace siglos y siglos, es un país muy religioso y lleno de talento. Es el único país que tiene cinco premios Nobel, la última Wislawa Szymborska que tiene un nivel cultural altísimo en el que participó mucho Stanislaw Poniatowski, porque al llevar de Francia tantísima cultura a Polonia, también promovió la cultura polaca. Es un país súper religioso, el único país que ha dado un Papa a la Tierra, a la humanidad, que fue Karol Wojtyla que vino a México.

—¿Qué es lo que más le fascinó de Stanislaw Poniatowski II, su manera de gobernar, su cercanía con el pueblo?

—Me fascina muchísimo su cercanía con el pueblo, su trato igual a un duque, a alguien que tiene un título, que a algún campesino o jardinero. Su interés sobre cómo está, cómo pasó la noche, su querer encontrar condiciones económicas para los que no tienen nada. Eso es algo que admiro mucho, para él deveras los pobres son esenciales en su Gobierno. No sé cómo era la pobreza en Polonia porque hace 200 años, casi 300, fue el reinado de Poniatowski. Pero sé que en Europa central hubo mucha miseria, mucha gente sin recursos. Por eso vino la Revolución, iniciada por la Revolución francesa. A Poniatowski le tocaron los primeros brotes de la Revolución francesa.

—¿Hay algún aspecto en su manera de gobernar que le recuerde a algún mandatario actual o ya no hay ese tipo de manera de gobernar?

—Ya no hay en Europa esa manera de gobernar. Siempre es un cónclave de gente, un equipo. Los ministros en Europa tienen muchísima importancia. Por ejemplo, tengo un primo, Michel Miguel Poniatowski, que fue Primer Ministro en Francia; ya hay equipos que toman responsabilidades y el poder está en distintas partes con mucha fuerza. Algunos ministros tienen mucha fuerza.

—¿Y en América Latina?

—En América Latina sufrimos durante una época muy larga por los dictadores, sobre los cuales escribieron Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier. Ha sido un gran tema el del dictador. Haití sufrió a Duvalier, quien por poco acaba con el país, casi lo hace desaparecer de la Tierra.

No hay mayor miseria y abandono que el de los haitianos, de eso sabe muchísimo la periodista Blosh Petris que compartió todo el horror del terremoto y de un país que de por sí estaba casi aniquilado. Estuvo a punto de hundirse en las aguas. Todo eso es parte de lo que nosotros deberíamos de hacer para salvarnos entre todos, ojalá así fuera. Ayudarnos. Pero eso se da en pocas ocasiones.

En general, puedo afirmar que el pueblo de México a la hora de un desastre es, deveras, aquí donde come uno comen todos. Recuerdo el terremoto del 19 de septiembre en 1985. Fue terrible. Llegaban las mujeres con grandes ollas de comida, de arroz, a los lugares del siniestro para dar de comer a los voluntarios con su pico, su pala, su casco. Hubo un enorme movimiento de solidaridad. Incluso bajaron las señoras ricas de Las Lomas y te decían: ‘yo no conocía Tepito’, ‘nunca había ido a la Bondojito’, las colonias populares. Hay un precipicio entre los que viven bien y los que viven al día, los que viven con muy poco.

—¿Cuál fue la perdición del rey Stanislaw Poniatowski II, su confrontación con la aristocracia, su entrega hacia Catalina la Grande o el contexto político en el que tuvo que gobernar?

—Su entrega a Catalina La Grande fue esencial e importantísimo hacerle el amor, compartir las sábanas. Fue Emperatriz de Rusia después de que se mató o asesinó –no hay certeza si fue ella– su marido Pedro. Ella al tomar el poder hizo Rey a Poniatowski. Ella lo puso en el trono de Polonia y ella siguió con una vida extraordinaria de estadista. Es una mujer formidable, una pensadora, una mujer muy lúcida que se comunicaba con Voltaire, con Rousseau; los grandes filósofos franceses, los enciclopedistas.

También Poniatowski tenía esa relación con los enciclopedistas, con toda la gente que propició la Revolución francesa. Incluso Catalina, víctima y enemiga de todas las revoluciones, se volteó en contra de ellos. ‘Cómo es posible que los haya admirado y leído si ahora el pueblo se levanta en contra mía’. En general esa fue la reacción de los monarcas europeos ante la Revolución francesa. Claro, los iban a llevar a la guillotina.

—En las partes en las que da cuenta de sus memorias, ¿hay algo que extrañe de ese México al que llegó?

–Ahora México es una de la ciudades más grandes del mundo, una de las capitales más pobladas. El tráfico es difícil. Extraño que ya no se vendan las naranjas en pirámides en las esquinas, que ya no se vendan flores en las esquinas. Extraño todo lo popular, lo cálido, que encontré cuando llegué. Me sorprendió y lo agradecí muchísimo porque yo vine en tiempos de guerra.

—Mucho se le ha preguntado, sobre todo en la primera entrega, de qué la llevó a indagar a sus raíces y de cómo fue este camino, ahora que ya están las dos partes publicadas, ¿qué le despertó tener frente a sí su historia familiar y personal?

–Mi edad. He hecho toda la vida entrevistas, he escrito sobre otros, escrito muchísimas novelas, hago periodismo todavía. Me pregunté de dónde vengo, quién soy y eso me ayudó a empezar a comprar libros en mis viajes a universidades norteamericanas donde me invitaban a dar cursos o una conferencia; también en Francia. Eso fue mi material con el que pude reconstruir la vida de Poniatowski, además de lo poco que recordaba yo de mi familia, lo que me dijeran mis familiares, porque vine a México a los 10 años y a esa edad uno no sabe mucho de sus antecedentes ni le interesa nada. México me tomó del cuello, por los ojos. A la hora de comer mi mamá nos hablaba en francés, aunque mi mamá era mexicana, pero una mexicana nacida en París.

—Así cómo tiene una idea de quién era Stanislaw Poniatowski II, sobre la cual ha hablado, ¿quién es Elena Poniatowska?

–Definirse a sí mismo es difícil. Casi nunca lo hace ni lo piensa porque puede cambiar, hay algo de mucha vanidad en eso. Claro que uno piensa en sí mismo. Cuando uno tiene mi edad piensa mucho en sus hijos. Tengo tres hijos, tengo 10 nietos. Entonces tu pensamiento, lo que  sucede en tu cabeza, no es para pensar o definirte a ti misma ni nada, es para estar en la vida y para funcionar.

A partir de cierta edad te fijas en los escalones para no caerte, te fijas cuando sales en la calle, te fijas en la expresión, en los ojos de los demás, en las flores; en cosas que no es que te alejen de ti misma, pero son poderosas y te ocupan. Pensar en sí mismo y en definirse ha de ser muy infernal, muy difícil. Uno puede pensar muy mal y a veces muy bien.

—Por último, Elena, ¿cómo se encuentra luego del asalto a su casa? ¿Ha cambiado algo en su día a día?

–Tranquila. El domingo pasado (hace dos domingos), hace dos días, de repente me sentí como Anita la huerfanita. Me senté en una silla y pensé qué tristeza. Pero los primeros días seguí tranquila. Claudia Sheinbaum, la Jefa de Gobierno, me llamó por teléfono muy temprano en la madrugada y me dio todo su apoyo, incluso mandó policías. Hacía muchísimo frío y pedí que ya no estuvieran porque se pasaban la noche parados en mi puerta. Pero ya habían robado, ya qué. Sentía que era injusto para ellos.

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