¿Dónde están los líderes positivos de México?

ESPECIAL, dic. 06.- Nuestro país atraviesa por varias crisis al mismo tiempo: de salud, de seguridad, económica, política, judicial, financiera, por mencionar algunas. Como sucede muchas veces en las crisis, pasamos más tiempo en atender lo urgente que en encontrar, mitigar y resolver las razones que nos llevaron al momento crítico. Una de las carencias silenciosas que están pasando factura al país es la falta de líderes positivos.

¿Qué es el liderazgo positivo? Es la combinación de personalidad, preparación, legitimidad, valores, ética y habilidades directivas, de adaptación y de gestión, que ayuda a las personas de un equipo u organización, las inspira, las une para un bien común y procura su éxito; plantea la ruta para alcanzar metas que beneficien no sólo al grupo, sino a la comunidad inmediata y secundaria; asume la responsabilidad de los logros y de los fracasos; corrige estos últimos y los convierte en experiencias de aprendizaje. En este proceso es indispensable el desarrollo integral de los miembros de la organización que asegure la continuidad de los objetivos y prepare a la siguiente generación de líderes. El líder guía con su ejemplo y coherencia; los adeptos lo siguen por convicción, no por obligación (como en el caso de un simple jefe). El liderazgo se emana sin importar la posición en la jerarquía de la organización, de ahí que un simple jefe se sienta amenazado cuando aparece bajo su mando alguien con las características señaladas.

Pocas personas se preparan para tomar el liderazgo; es común buscar esa posición pensando en el poder y beneficios que significa para el individuo que la alcanza sin pensar en el bien común. Otras veces, una persona queda en una posición de liderazgo sin buscarlo, ya sea porque las circunstancias la colocaron ahí o porque existe la necesidad de tomar las riendas de situaciones creadas in extremis. En ninguno de los casos mencionados encontraremos a un líder positivo nato que, dicho sea de paso, contará con pocas posibilidades de alcanzar las metas que demanda este compromiso.

Algo que diferencia a la mayoría de los países no desarrollados de los países ricos es la percepción del éxito y el liderazgo. En los países del primer mundo el éxito, en cualquier ámbito (siempre y cuando sea alcanzado bajo estándares éticos y legales), provoca la admiración de la mayoría y se convierte en ejemplo a seguir para las generaciones que tratarán de replicar esa historia. En los países no desarrollados alcanzar el éxito es mucho más difícil porque predomina la tendencia de las masas a la mediocridad y la pasividad. La persona exitosa se vuelve el blanco de la envidia, la crítica y la descalificación; el éxito se convierte en el octavo pecado capital.

En el caso de México la falta de liderazgo positivo es evidente. Son muy pocas las personas que están en una posición de liderazgo real, que se encuentran preparadas para el reto de adquirir responsabilidades más allá de su primer círculo de influencia y llevarlas a sectores de la sociedad para fomentar mejoras en el día a día de los mexicanos. Faltan líderes propositivos que tengan como fin último el beneficio de su organización y de la comunidad en la que se encuentran. Parece mentira, pero asumir esa responsabilidad no es para los débiles: en nuestro país es un acto de valentía, de arriesgarse a asumir las consecuencias de una sociedad sumida en la desesperanza provocada por sus “líderes” políticos.

Un líder jamás fomenta la desunión y las diferencias entre sus miembros, más bien exalta sus coincidencias y valores. El beneficio y el crecimiento de la mayoría es prioridad sobre el mezquino beneficio personal. Hace tres años, en nuestro país no existían fifís, chairos, conservadores o neoliberales. Es cierto, la clase política lleva décadas fallándole a un pueblo adormilado y sumiso. Los líderes deben y tienen que emanar de las mismas comunidades y organizaciones que claman porque alguien venga a salvarlos. Malas noticias: no va a venir nadie al rescate. Sólo los mexicanos comprometidos con nuestras familias y comunidades lo podremos hacer. Eso sí, requiere de la suma de voluntad, preparación y oportunidad.

Está claro que no hay liderazgo positivo emanando de Palacio Nacional ni de los principales partidos políticos. Sólo queda buscarlo en cada uno de nosotros. La invitación es a entrar en acción.

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