Una sola carne

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

 “Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre” Marcos 10, 2-16

La semana pasada el Congreso del Estado de Sonora aprobó/legalizó la realización de los llamados ‘matrimonios igualitarios’. No sabemos si preguntaron a sus representados acerca del tema, reflexionaron en serio sobre sus implicaciones, convocaron a un debate público, y/o escucharon el parecer de padres de familia, asociaciones religiosas u otras instituciones de servicio social.

Todo parece indicar que privó la prisa y se dieron el poder de diseñar el futuro de las familias sonorenses en lo oscurito. Me pregunto si el bien común cabe en los intereses que persiguen nuestros representantes. Hace poco más de un mes la mayoría de magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación abrieron la puerta -con supuestos argumentos constitucionales- a la práctica del aborto. Días después legislaron contra la objeción de conciencia. En la práctica esto equivale no sólo a la negación del derecho fundamental de la vida sino también a la prohibición legal a ser personas con ética. Parece ser el último clavo para sepultar la ética médica y la dimensión ética de todas las ciencias, incluyendo las jurídicas. En un instante eliminaron constitucionalmente el derecho a la libertad de conciencia.

No nos extrañe que la Iglesia católica convoque en este día a una manifestación nacional para hacer pública su protesta. Estamos a favor de la mujer y de la vida en cualquier circunstancia. No podemos permitir que los valores éticos que fundamentan y sostienen la convivencia social sean destruidos por quienes dicen protegerlos. Somos conscientes que vivimos en una sociedad plural en su visión de la vida y sus implicaciones de tolerancia para la convivencia pacífica. Pero también tenemos la responsabilidad de alertar sobre las consecuencias de decisiones que afectan y destruyen los valores que la hacen posible, factible y plausible.

La Palabra que escuchamos este domingo toca un tema toral que afecta a la institución milenaria del matrimonio y la familia: el divorcio. Sabemos que el matrimonio hombre-mujer es el fundamento de la familia; también que ésta pasa por diversas crisis a través del tiempo y la evolución de las ideas… No nos extrañe que las dificultades aparezcan en las diferentes etapas de la vida y de la historia.

¿Cómo respondería Jesucristo a la pregunta si vale la pena casarse en tiempos de estas ideas? ¿Qué diría ante el cuestionamiento de tener que tomar tal decisión siendo jóvenes? ¿Y sobre la convivencia marital sin matrimonio? ¿Y sobre el llamado ‘matrimonio igualitario? Estoy seguro que escucharía, comprendería las razones, miraría con amor compasivo a los interrogadores, atendería y respondería en lenguaje digital: “Desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne…”

No tengamos miedo a la verdad del amor y al amor a la verdad. El creyente sabe muy bien que cuando Dios reina en casa es posible vencer las dificultades que hay en el camino del amor. No tengamos miedo al amor de Dios. Sólo éste puede hacer matrimonios y familias sólidas… a pesar de ciertas leyes injustas.

Con mi afecto y bendición.

Originario de Granados, Sonora

Obispo de/en Zacatecas

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