Las cosas pequeñas de la vida

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

“El hombre siembra su campo y sin que él sepa cómo,

la semilla germina y crece”

Marcos 4, 26-34

Después de meses inciertos de pandemia y semanas de campañas políticas para elegir nuevas autoridades y decidir el rumbo del país, nos cae muy bien volver a lo que no hace ruido, ni necesita publicidad, mucho menos propaganda. Ocho días después del ‘día de la definición’ se presta para admirar/contemplar/agradecer la grandeza de la sencillez de quienes nos acompañan o acompañamos en la vida, sin bocinas, ni redes sociales. Hay tantas personas que aparecen en todo momento de la travesía de la vida que es imposible nombrarlas. Hay otras que se hacen presentes en algunos momentos, con algún detalle que siembra futuro en lo imperceptible de lo pequeño.

El tejido social se construye con ‘pequeñeces’ que parecen sin importancia. ¿Quién iba pensar que mi voto –junto con otros pequeños votos- iba a definir el futuro próximo de un país de 130 millones de habitantes? En el momento nos movemos por impulsos, emociones, pasiones, razonamientos, cálculos, ambiciones, intereses… Pero, ¿también por ideales? ¿El bien común? ¿La ecología humana? ¿La humanización de la globalidad? ¿Derechos humanos de las generaciones futuras? Muchos interrogantes, demasiadas opiniones, escasez de respuestas ciertas.

La Palabra de este domingo habla de las cosas pequeñas de la vida de cada día. Estas se pueden convertir en árboles grandes si construyen el Reino de Dios en el amor silencioso de/a los nuestros. Jesús usa parábolas (imágenes y comparaciones sencillas) para invitarnos a ver la profundidad, complejidad y trascendencia de lo que parece pequeño e intrascendente. Toma ejemplos de la vida cotidiana (la que no paga publicidad) para anunciar y explicar cómo se genera y crece el Reino de Dios. Hoy nos habla de semillas: la que crece por sí sola y la pequeña del grano de mostaza.

Qué bueno que Dios no trabaja con reflectores. Parece no tener prisa, no fuerza nada, ni emplea marketing; no inunda la tierra de predicadores, ni nos apantalla arrancando violentamente la cizaña de la mentira que hay en el mundo. No hay duda que el amor trabaja aparentemente con lentitud en el silencio de lo pequeño… Así es como la vida se gesta, nace, crece, madura. Dios parece trabajar de incógnito en el mundo, siempre con la eficaz paciencia del amor. Dios no deja de sembrar la semilla del amor en los surcos de la vida.

Agradezcamos a Dios su trabajo silencioso y eficiente en la creación, la historia y en el diario vivir de sus hijos. Asumamos con responsabilidad y alegría la parte que nos corresponde y nos ha sido confiada. Hagamos con amor las tareas pendientes para que nuestro país y nuestra tierra sea cada vez más habitable. Valoremos las pequeñas semillas de verdad, bondad, justicia, solidaridad, amor… que sembramos cada día. Somos socios de Dios en la construcción de un mundo mejor y accionistas en las semillas del Reino en la tierra.

Ahora nos corresponde asumir las consecuencias/secuelas de la pequeña semilla del voto y seguir participando en la construcción de la ciudad.

Con mi afecto y bendición.

 

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas

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