Acarreo en tiempos del gatoprianismo

Por Aureliano Rincón Candelas

No cabe duda y es verdad que la costumbre…

Alberto Aguilera Valadez

Qué motivaba al régimen revolucionario, que por décadas no tuvo competencia electoral que pusiera en riesgo su continuidad, utilizar el método del “acarreo” a eventos y urnas, práctica que sobrevive porque todos los partidos echan mano, estén o no en el poder.

No hay mucha literatura seria sobre el tema, pero la respuesta más convincente la encontré en el libro Vamos a Ganar! que escribió el desaparecido Adolfo Aguilar Zinser a mediados de los noventa tras la segunda derrota de Cuauhtémoc Cárdenas a la presidencia de México.

El vocero de campaña del michoacano en 1994 sostiene que el “acarreo” formó parte de la liturgia de la sucesión presidencial mexicana, cuyo beneficiario del “dedazo” presidencial y el sistema que lo arropaba, habría que legitimar a través de un “baño de pueblo”.

Luego y como mero trámite, el candidato recorría a lo largo y ancho el país para descubrir que era aclamado, vitoreado y reconocido por las masas de obreros y campesinos, vía el corporativismo de CNC-CTM, como la respuesta idónea para continuar el proyecto revolucionario.

El mensaje era para construir artificialmente un consenso popular del que carecía el candidato oficial, pero que en su paso por las comunidades era recibido como el mensajero de la esperanza, que en México se revivía cada 6 años, mientras la oposición era apenas testimonial.

Con la victoria de Vicente Fox muchos ilusamente pensamos que se acabarían esos vicios, pero no fue así y la inercia se impuso. En tiempos del panismo le llamaron movilización y hasta apelaron al eufemismo priista de “facilitar el acceso de simpatizantes al evento”.

Qué representa hoy que los partidos sigan organizando en campaña eventos masivos con acarreo de personas, sus consabidas dádivas y su onda grupera, si al final como ya quedó demostrado en otros procesos, no son garantía de triunfo ni para el día de la jornada electoral.

Se afirma que son para la foto y así generar percepción de triunfo entre el electorado indeciso, muy parecido al uso propagandístico de las encuestas, sin embargo, no es un argumento válido para justificar el lucro y el derroche de recursos, menos en un escenario de pandemia.

Al final, la “la cabra tira ´pal monte” y la clase política de todos los partidos es el mejor ejemplo aunque proclamen que “no somos iguales”, pero sus actos demuestran que atienden más a su ambición de poder que contribuir a la protección del electorado aún sin vacunar.

Los casos de Covid van al alza, las cifras ahí están, pero eso no es prioridad para los candidatos del gatoprianismo. Por ahora están muy ocupados en celebrar la aprobación masiva hacia su figura, no importa si es mediante el autoengaño, igual de patético que su vanidad.

Y hay quienes inclusive hasta presumen de sus bodrios.

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