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La tentación

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

“Fue tentado por Satanás y los ángeles le servían”.

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Marcos: 1,12-15

El texto de Marcos sobre las tentaciones de Jesús es muy breve; no describe con detalle sus modos, como lo hacen Mateo y Lucas. Quizás quiera enfatizar la naturalidad de la tentación en todo ser humano y la necesidad de superarla. Con la referencia a que “vivió (en el desierto) con animales salvajes y los ángeles le servían” indica que la superación de las tentaciones proporciona la garantía de la recuperación de la armonía original del entorno que fue estropeada por la caída en la tentación.

Escuchar y meditar este texto en el inicio de la Cuaresma es una invitación a poner en acción la fe, la esperanza y la caridad, nos ha pedido el Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma 2021. La razón de ser de este tiempo litúrgico es prepararnos para vivir la Pascua del Señor y… la nuestra, en cualquier circunstancia. ‘Cuarenta días de esperanza’ leí, hace días, a propósito de este tiempo. La Pascua del Señor es la plenitud de toda esperanza. Es el único ‘monte’ desde donde se puede mirar con claridad y confianza el horizonte final/total de la creación, la historia y nuestras historias en tiempos de pandemia.

Vivimos esta Cuaresma marcados por el dolor que ha causado la pérdida de seres queridos y la incertidumbre de un futuro todavía no muy claro. Los misterios dolorosos de la vida pareciera que se prolongan sin fin, sin horizonte, sin sentido. En algunos momentos hablamos de una cuaresma que se ha alargado más de cuarenta semanas, no cuarenta días. La tentación de la desesperanza y la muerte en vida está a la vista. Nos pueden hacer mucho bien estos cuarenta días de esperanza con la garantía de su cumplimiento en la Pascua del Señor.

La Cuaresma puede ser un tiempo favorable para ejercitar ‘los músculos’ del espíritu. La fe, la esperanza y la caridad pueden ser la diferencia para vencer la tentación de ‘tirar la toalla’ y quedarnos tirados en el camino. Jesús venció la tentación y pudo cumplir con creces la misión que el Padre le había encomendado.

Sin esperanza no hay conversión y ésta no tiene sentido si carece del dinamismo de la esperanza. Convertirse es creer en Jesús, volver a centrar la vida en Él, ya no en nuestros miedos y sus trampas. Es dejar que los valores de su Reino (¡venga a nosotros tu reino!) transformen el mercado de bienes materiales al que hemos reducido el sentido del vivir.

El tiempo de Cuaresma es la gran oportunidad para volver a casa: al hogar de los hijos de Dios de donde nunca debimos haber huido; al hogar de la fraternidad, la solidaridad, la confianza, la libertad. Vivirla a profundidad es condición indispensable para desterrar las violencias e inseguridades que truncan la esperanza de tantos peregrinos. Vivir bien la Cuaresma es dejarse impulsar por el Espíritu al desierto para encontrar la verdad de la vida, del amor, del prójimo. Todos tenemos una misión trascendente que cumplir.

Dejemos que el Espíritu nos guíe en el desierto cuaresmal… Y que los ángeles nos sirvan.

Con mi bendición.

 

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas

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