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Vive, disfruta y produce con lo que Dios le dio… El Monte

No hay nada tan poderoso como una mente cambiada

Por Rosario Alberto Delgado Valdez

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SIREBAMPO, Huatabampo, jun. 7 (NPN).- El amor por su entorno, y por la naturaleza la llevó a cambiar su chip.

Tal vez muy sencillo, había que aceptar que tenía una misión en esta vida, darle a conocer al mundo las bondades de la naturaleza en el valle del Mayo. O muy complicado, aceptar que no había ‘muchas opciones’ y tenía que salir adelante con lo que Dios le puso en la palma de su mano, el monte, las pitayas, la tierra y el agua.

Su nombre es María Eudelia Verdugo Matuz, vive en Sirebampo, Huatabampo, Sonora (poblado que está en la periferia terrestre de Las Bocas, 673 habitantes), al cual se puede ingresar desde la costa o bien, por un camino o brecha corta desde la carretera Federal 15, doblando a la derecha, de norte a sur, después de la cinta Estatal a la citada playa.

Su casa, un hogar acogedor, típico de la región casi al pie del tinaco del pueblo, donde a uno lo recibe un imponente y bien hecho horno de pan donde se atiza con choya, y un perro amigable, al menos cuando los ocupantes de la casa están recibiendo a la clientela.

Ahí se produce pan dulce, bollos, pan de mujer, coyotas de (pitaya, calabaza, etcho, piloncillo y cajeta). Paletas, nieves, conservas, dulces y deshidratados (frutas/botanas). Todo circula alrededor y entorno a la pitaya. Su esposo, un especialista en la recolección del fruto silvestre, instalador de techos térmicos naturales y también hace ladrillo.

Hace 15 años María Eudelia hacía ladrillo, pero con el tiempo y el esfuerzo empezó a dolerle la espalda. Fue así como se inclinó por la repostería y conservas rústicas y típicos de la región.

El viraje obligado de su actividad productiva ha valido la pena, pues le permite un dignificante estilo de trabajo, que le ha brindado la oportunidad de llevar a sus hijos a los niveles educativos propios de su edad -los tres estudian-, Jesús Antonio (20 años), Claudia Lucero (19) y Milagros Guadalupe (10).

Ha iniciado en mayo (finales) la zafra de la pitaya, misma que termina en algunos puntos hasta el mes de octubre.

Eudelia sacó a su abuela, en la mano y el gusto por la cocina. Sin embargo, para descubrir la diversidad de los productos del monte (incluyendo la pitaya, etcho y chiltepín), se encontró en su formación culinaria con la enseñanza de David Albert Yetman (experto académico estadounidense en Sonora, México y un presentador de medios galardonado con un Emmy en los desiertos del mundo. Es investigador científico social en la Universidad de Arizona). Quien le enseñó, demostró las propiedades del etcho y la pitaya (las semillas de esta última son buenas para bajar de manera natural los índices del colesterol) y son productos que proporcionan una rica fuente de energías finas (alta calidad), para recorrer desiertos, para hacer ejercicios de alta exigencia.

Ya los inventarios, según la temporada van desde mermelada, agua fresca, pitaya con mango, con tamarindo o con chiltepín.

Quien ha ido aprendiendo estilos de nutrición, de alimentación… quien ha batallado con la enfermedad de la obesidad gran parte de su vida, puede detectar ‘a leguas’, un estilo de vida saludable, donde no hay nada rebuscado, su ropa tradicional y acorde a la temporada “casi veraniega”.

Sin embargo, con un modelo de negocio familiar fructificante, próspero, estable, de éxito; que le ha llevado a estar en Los Pinos (ex casa de los presidentes de México) y regalar sus productos a mandatarios nacionales… Piensa en los demás, en el futuro, por ello les enseña a grupos de mujeres y hombres de la comunidad.

“Les pide que aprendan a hacer todo, les aclara que no se harán ricos, pero no les faltará qué comer”… No quiere morirse y llevarse el conocimiento. Vive pues, con los pies en la tierra y con la esperanza de ver a su comunidad mejor.

“Si yo me muero nadie va a cuidar ni las pitayas, ni el mezquite. Quieren cambiar nuestro monte por el agave y por el mezcal, porque creen que se van a hacer ricos, nadie se va hacer rico… Debemos enorgullecernos de lo que somos, más cuando miremos y valoremos las maravilla que nos da Dios a través de la madre naturaleza”.

“Vivo agradecida, le doy gracias a Dios por todo lo que tengo y por donde vivo”.

Este puede ser un mensaje, a kilómetros, a tras mano, entre el monte, para todos los que hoy estamos batallando en esta pandemia que ha estado una enorme crisis económica.

Si usted va a Las Bocas o a Los Mochis, de la carretera a la casa de Eudelia le separan de dos a tres kilómetros, dese la oportunidad de comer estos productos sanos, de la región y constatar lo hoy, aquí plasmado.

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