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Jerry Sloan, el técnico que puso contra las cuerdas a Michael Jordan

En el 97 Sloan fue el único en igualar a dos unas finales a los Bulls; en el 98 tuvo ventaja de campo para rematarle. En ambos casos Jordan se le escapó de entre las manos.

ESPECIAL, May. 22.- Michael Jordan ha dejado muchos “Y sí…” en su carrera. Uno de los más evidentes son los Utah Jazz, una franquicia que no ha ganado nunca un anillo de campeón de la NBA pero que jugó dos Finales consecutivas en 1997 y 1998. Aquel equipo estaba entrenado por Jerry Sloan, un entrenador absolutamente único que ya llevaba como máximo responsable del equipo de Salt Lake City desde 1998. En todas las temporadas anteriores había clasificado al equipo para playoffs y, de hecho, es uno de los únicos cuatro entrenadores en la historia que ha completado más de 15 temporadas en récord positivo (Pat Riley, Phil Jackson y Gregg Popovich).

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A diferencia de ellos tres, Sloan nunca recibió el título de Mejor Entrenador del Año, algo que visto ahora parece un atropello al sentido común. Pero más que no ganar ese premio individual, lo que probablemente más le duela no haber conseguido en su carrera sean esos dos anillos de finales de los 90. Poco a poco fue construyendo un equipo tremendamente competitivo alrededor de dos futuros integrantes del Hall of Fame, John Stockton y Karl Malone, en una ciudad a priori no muy propicia para montar equipos ganadores. Así lo explicaba Phil Jackson, el entrenador de los Bulls en aquellas dos Finales, después de la retirada de Sloan de los banquillos:

“Era terco, tienes que serlo como entrenador. Pero él tenía un sistema y el sistema era efectivo. No es fácil tener un equipo en Utah. No es el mercado más atractivo del país para que vayan agentes libres. Y lograron tener un excelente récord en casa y jugar el tipo de baloncesto que es digno de elogio. Así que todos lo admiramos como entrenador en toda la liga. Como colega, lo extrañaremos”.

Le faltó el último escalón para consagrarse definitivamente. Fue Phil Jackson y, sobre todo Michael Jordan quienes no lo permitieron. Este es el resumen de lo que ocurrió en los meses de junio de 1997 y 1998.

  1. “El cartero no reparte en domingo” y la gripe que no fue

Karl Malone había ganado el MVP de la temporada y los Jazz, que habían perdido dos finales de Conferencia los cuatro años anteriores, por fin podían luchar por el anillo. A priori los favoritos eran los Bulls, que tenían ventaja de campo y que a punto estuvieron de igualar el 72-10 del año anterior. Se quedaron en 69-13 tras algunas lesiones en el tramo final de la liga regular. Jordan, extra motivado al no haber sido nombrado mejor jugador de la temporada y tener enfrente a quien le había quitado el premio, quiso demostrar desde el primer partido que aquella decisión no se correspondía con la realidad. Fue él quien encestó la canasta decisiva para dar la primera victoria a los suyos. Para colmo, segundos antes iba a ser justo Karl Malone quien fallase dos tiros libres que habrían puesto a los suyos dos arriba. Justo antes de tirarlos fue cuando Pippen pronunció su famosa frase “Recuerda, el cartero no reparte los domingos, Karl”, para desestabilizar a Malone, al que le conocían con ese mote. El segundo partido, también en Chicago, no tuvo historia después de que los Jazz acabaran con 31 puntos al descanso, la segunda peor anotación de la historia, con otra mala actuación del MVP de los de Utah.

Con 2-0 para los Bulls y después de la imagen del segundo encuentro muchos daban la final por terminada. Pero quien conoce la NBA sabe que jugar en Salt Lake City no es un camino de rosas ni mucho menos. Una de las canchas más calientes de la liga con la opción de pelear por el título de campeón no se iba a dar por vencida, así como así. Y el equipo que entrenaba Jerry Sloan tampoco. Los siguientes tres partidos eran su casa y les iban a hacer sudar la gota gorda a los Bulls. En el primero de ellos borraron del mapa a los de Chicago durante tres cuartos, llegando a tener una ventaja de +24. El intento de remontada visitante llegó a reducir la diferencia a 7 puntos, pero esta vez sí comandados por un excelente Malone, los Jazz se iban a poner 2-1. Y en el siguiente iban a conseguir lo que nadie había logrado en las cuatro Finales anteriores de los Bulls: igualar la eliminatoria decisiva a dos. El partido empezó con Phil Jackson saliendo a la pista con tapones después del tremendo recibimiento del tercer partido y acabó con dificultades para escuchar al narrador por el mismo motivo. Entre medias, un encuentro muy igualado y con gran cantidad de cambios en el marcador se resolvió con un parcial de 12-2 final a favor de los Jazz y una actuación casi perfecta de John Stockton, que después de meter un triple clave para que su equipo no se dejase ir en el marcador iba a robar un balón a Jordan, meter dos tiros libres, coger un rebote y dar una asistencia de campo a campo para dejar solo a Malone y, finalmente, repetir la acción con Byron Russell.

El quinto partido pudo suponer un antes y un después en la dinastía de los Bulls. Es el conocido famosamente como “partido de la gripe”, en el que Jordan jugó claramente mermado. En el documental The Last Dance el jugador desmentía que tuviese gripe y apuntaba a una pizza que pidió la noche anterior y que se comió él solo como causa de su malestar. Jordan da a entender que la pizza no estaba en buen estado a propósito. En cualquier caso, ya fuese gripe o intoxicación, el caso es que el número 23 iba a realizar uno de sus partidos más memorables metiendo 39 puntos y dando la puntilla a su rival cuando ni siquiera estaba al 100%. En la rueda de prensa posterior, preguntado por la actuación de Jordan en inferioridad de condiciones, Sloan iba a tirar de humor: “¿Todos sabíais que tenía gripe? Entonces he sido yo el último en enterarme”. De vuelta a Chicago Steve Kerr iba a meter su canasta más famosa a pase de Jordan para sentenciar el quinto anillo de los Bulls en siete años.

  1. 40 segundos que son leyenda del baloncesto

Esta vez los Jazz se plantaban en las Finales con ventaja de campo, con un grupo más hecho y siendo el único equipo al que los Bulls no había ganado en temporada regular. Entonces no lo sabían, pero iban a ser la última franquicia de la Conferencia Oeste hasta 2012 en llegar a las Finales sin ser de Texas (Spurs, Mavs) o California (Lakers). Los Jazz llegaban con diez días de descanso después de barrer a los Lakers, mientras que los Bulls habían pasado las de Caín ante los Pacers. Si en Utah tenían alguna opción de ser campeones, ese parecía el año. La acumulación de partidos la iban a notar los de Chicago en el primer encuentro, en el que acabarían cayendo en la prórroga. Pero se iban a recuperar pronto igualando la serie en el segundo y teniendo tres partidos en casa por delante para cerrar la eliminatoria. Otra vez, como el año anterior, Malone iba a rendir a un nivel muy por debajo del acostumbrado en los dos primeros encuentros.

Una vez en Chicago la cosa parecía pan comido para los actuales campeones, más después del resultado del tercer encuentro. Los Bulls iban a ganar 96-54 y la puntuación de los Jazz suponía la peor de cualquier equipo en cualquier partido desde que se instauró el reloj de posesión. Sloan, al recibir la estadística del partido en rueda de prensa volvería a hacer gala de su sentido del humor: “Este marcador está mal puesto”. Los Bulls ganaron también el cuarto, pero en el quinto, cuando sólo les quedaba rematar el trabajo, iba a aparecer la mejor versión de Malone en toda la eliminatoria y los Jazz, que a punto estuvieron de desaprovechar una ventaja de 7 puntos en los últimos dos minutos, se iba a meter otra vez en la eliminatoria y con la posibilidad de remontarla definitivamente ante su público.

Y así se llegó al partido 6, el mítico Game 6 en el que Pippen sólo metió 8 puntos con unos problemas de espalda tremendos y Jordan acabó exhausto teniendo que jugar casi todos los minutos. A cambio, acabó con los sueños de Sloan, Stockton, Malone y todo Salt Lake City con una de las escenas más memorables de la historia del baloncesto. Después de que Stockton pusiese a los suyos 3 arriba con un triple, Jordan se iba a poner la capa de superhéroe en los últimos 40 segundo de partido metiendo 4 puntos y robando un balón fundamental a Malone entre sus dos canastas, la última de ellas para silenciar el Delta Center. La foto de aquel lanzamiento, el último de su carrera se iba a convertir en icónica. Una leyenda que ni siquiera los mejores Jazz de siempre, los de Jerry Sloan, pudieron tumbar. Aunque estuvieron más cerca que nadie.

 

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