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La crítica de los de casa

ESPECIAL, Feb. 08.- Porfirio Muñoz Ledo, sin duda, es un activo intelectual de la lucha contra del régimen de corrupción y un actor fundamental en el largo proceso de inoculación de esa confluencia que hoy se llama “izquierda obradorista”.

Pocos en Morena pueden exhibir estas credenciales políticas y todavía menos hacerlo con el talento político que le han reconocido desde todo el espectro político.

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Por eso, en estos días en que se pronuncia contra la política migratoria del Gobierno federal y más recientemente por el cierre de la “Puerta de Palacio Nacional” a la caravana que encabezaron Javier Sicilia y los hermanos LeBarón, resulta desmesurada la respuesta que ha recibido de parte del obradorismo militante en redes y de figuras morenistas que son incapaces de esgrimir una crítica propia, sustentada, auténtica.

A Porfirio se le ha dicho de todo en las redes sociales y el resultado es que la crítica militante no tiene cabida en un movimiento en que sólo parece haber una palabra válida: la del Presidente de la República.

Quizá, para atenuar está afirmación, valdría la pena recordar la máxima de Fidel Castro cuándo en medio de los estertores de la Revolución salió a decir para callar las voces críticas en el Movimiento 26 de Julio: “Todo dentro de la Revolución, nada fuera de la Revolución”, y aquello terminó en una purga de los “elementos contrarrevolucionarios”.

Es una expresión que perdura en el imaginario de la izquierda latinoamericana con las consecuencias en las libertades públicas. Muñoz Ledo sabe que la crítica no es el fuerte en un movimiento político altamente personalizado como es Morena, ya que lo normal es la disciplina acrítica para su líder, por eso quizá su expresión gráfica de que Morena “había salido de su corazón”.

La postura morenista convencional asume sin más “lo que diga el Presidente” y aquello que está fuera de él, por más mínima que sea, cae en el cajón de la descalificación más severa. Y esto vale para tirios y troyanos, y entre más alta sea la jerarquía más duro le va, así cómo lo vemos, en el caso del vilipendiado Muñoz Ledo. Si eso ocurre con uno de los barones del morenismo ¿qué se puede esperar para quien hace la crítica desde fuera del poder?

El tema de fondo es el dogmatismo que lleva a pensar que un sector de la sociedad es el propietario de la verdad y que esta se utiliza contra los adversarios propios y ajenos. La sociedad mexicana es mucho más que eso. Es la confluencia de voces que es resultado de la transición que hemos vivido en los últimos cuarenta años y con estas muestras, bien lo dice Porfirio, estamos regresando al pasado.

La fortaleza de una sociedad o en particular un movimiento político como el de Morena, es la crítica sustentada, la que contribuye y fortalece el debate público, no la descalificación a ultranza de todo aquello que cuestione las decisiones del poder establecido. Es por eso por lo que el cuestionamiento a Muñoz Ledo no es a su persona sino a un valor en una sociedad democrática, y al derecho que todos tenemos de cuestionar las decisiones que a nuestro juicio se tomen en temas fundamentales de la vida pública.

Y es que la descalificación frecuente está vez fue para Porfirio, pero antes a otros que discrepan de buena o mala fe, cuando lo que debemos desmenuzar son los hechos y las posturas con las que se adoptan en contextos de opciones cerradas como es la de que se produce con Trump.

Veamos los temas en que se ha embarcado Porfirio y que ha desatado la crítica de los más fieles y oportunistas. Está el de los migrantes mayoritariamente centroamericanos que buscan utilizar a nuestro territorio como lugar de tránsito para llegar a la Unión Americana, esto implica un tema de soberanía en un doble sentido.

Sea este por la incursión frecuentemente desesperada de quienes buscan lograr su objetivo de llegar a la frontera norte o por la clara intromisión del Gobierno estadounidense en la política mexicana. Que finalmente termina dominando esto último y eso provoca reacciones que no deberían ser solo de Porfirio sino de todo aquel mexicano que no le gusta que las decisiones se tomen en una mesa de “negociación” en Washington y por encima de lo que establecen nuestras leyes que expresamente dan garantías a quienes por distintas razones se ven obligados a abandonar sus países.

Y lo otro, atañe al mayor problema que tenemos que es el de las víctimas de la violencia, sean estos homicidios dolosos o desaparecidos, feminicidios o masacres, que oficialmente en 2019 se contabilizaron más de 34 mil homicidios dolosos y el número de desaparecidos conservadoramente alcanza decenas de miles.

No se puede argumentar en contra de la movilización de los familiares de las víctimas diciendo con una dudosa estatura de estadista señalando: “que no se recibe a sus líderes porque no se quiere armar un show”, el problema está ahí.  Cierto, esto no es el antídoto, pero en algo se avanza cuando el poder dialoga, asume propuestas, toma iniciativas en sintonía con las familias de las víctimas. Por eso la imagen de Porfirio de que el Presidente: “Abrió Los Pinos, pero cerró Palacio Nacional” adquiere una plasticidad poco frecuente en la política nacional.

Y eso enyerbó a muchos en las redes que quisieran quemarlo vivo y con leña verde, para que no siga diciendo cosas políticamente incorrectas, que le roban al Presidente espacio mediático. Es comprensible pero no justificable.

Sólo, por último, la ductilidad del morenismo de primera fila, que muchos ven como lealtad al presidente y disciplina de partido, es un flaco favor en estos y otros temas, y algunos casos es simple y llanamente oportunismo político, pues no busca apoyar al Presidente sino apoyar su carrera política.

Al tiempo.

www.sinembargo.mx

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