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Como caído del cielo

Bitácora a Vuelapluma

Luis Rey Ballesteros López

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Se restriega los párpados, vuelve a abrir los ojos, relee una y otra vez… ¡no hay duda, es el ganador del avión presidencial!

Se siente vulnerable, aturdido, como aventado de un muelle hacia mar picado de fondo rocoso.

Ganarse la rifa del tigre volador entre millones de participantes lo colocaría bajo los reflectores no sólo de México. ¡Adiós privacidad y anonimato!

Por su mente pasan imágenes y datos, memes y bromas alusivas. También la historia de fondo: una conexión entre tres sexenios. La venta mediante rifa causó gran revuelo. La compra a precio exorbitante no levantó torbellinos periodísticos en su momento. Fue el regalo de un presidente a otro que lo estrenaría. Le daría pase directo al jet-set de jefes de Estado del mundo. Para ser hay que parecer, reza el dicho. Seguramente sabía que su sucesor veneraba su propia imagen de Ken rodeado de Barbies. El obsequioso, devenido en ex presidente, desapareció todo un sexenio, cuidándose de no ser calificado de intrusivo. Reaparecería hasta antes del ungimiento del tlatoani tropical de la Cuarta Transformación, emisaria en papeleta electoral de por medio que no llegaría al km 42 de la carrera sucesoria.

La rifa del tigre no debería ser tan sorprendente en este país, una de las mecas del surrealismo. Puro mexirrealismo – piensa.

Respira profundamente, vislumbra su rostro en planas y pantallas de todo tipo, se ve como marca comercial no registrada. Su vida, como hasta antes de ese momento, ha dejado de existir. Exhala, vuelve a respirar hondo, siente en el vientre un vuelo de barrena en espiral.  Continúa su ejercicio de meditación en solitario, el mejor antídoto para actuar con mesura y estrategia.

El aumento incesante de alertas de Facebook, WhatsApp y el timbre de las llamadas recibidas en su celular son señal inequívoca: la noticia no corre como reguero de pólvora. Eso suena demodé y anquilosado. ¡Está siendo viralizada!

Fortunato Guardado es hombre ajeno a los reflectores, pero su seguimiento de medios y las lecturas cotidianas de columnas políticas le han enseñado el abc sobre la necesidad de salir a medios como parte de desmenuzar eventos y decisiones. En ese momento él mismo es un filete codiciado para la primicia noticiosa. ¡Su cacería estaba en marcha!

Se prepara un café. Su esposa e hijos aún duermen. La hora de actuar se acerca con el sol del día naciente. Se pone los audífonos, escoge una canción para despedir la madrugada. The Night de Morphine se instala entre su nuca y espina dorsal. Siente un toque sobrenatural, dulce y acechante. El sax implorante expira fragmentos de eternidad, enhebrando linderos ignotos.

Alarmado, cae en cuenta de algo: ¡se ha convertido en secuestrable! Si a otros los han secuestrado por cinco vacas, ¿qué podría esperarse de su súbito atractivo en el mercado de mochaorejas?

Coge pluma y papel, empieza a apuntar ideas. Estar cercano a los sesenta le permite pensar en esbozar una estrategia ante el bólido arrojado por la suerte.

Ve a la 4T como una nave intentando despegar, entre vientos cruzados de loas y maldiciones, aplausos y sombrerazos. De golpe y porrazo, en ese ambiente de fondo, él y su familia serían comidilla de columnas políticas y demás.

Se imagina alguna aparición en la Mañanera. Su primer reto: vencer el pánico escénico y su tartamudeo al hablar ante más de diez personas.

Su domicilio dejaría de ser anónimo. Se asoma por la ventana, ve que han empezado a llegar camionetas de televisoras. Los camarógrafos hacen tomas de la fachada de su hogar. El cerco se estrecha.

Esbozado su plan de acción, entra a su recámara, le cuenta a su esposa: ¡Romina, mi amor, nos ganamos el avión presidencial! A punto del infarto, ella empieza a gritar con ojos desorbitados. Fortunato la abraza muy fuerte para hacerla reaccionar y asegurarse de que no se le vaya de este mundo. Para entonces ya han despertado sus dos hijos. La casa se vuelve un manicomio.

A duras penas se tranquilizan. El tiempo apremia, deben sumarse todos a la lluvia de ideas plasmada en la hoja que Fortunato les mostró.

El mayor de los hijos estudia contaduría. Fortunato, administrador de estrecheces, productos milagro e importaciones de bajo costo, puede unir sin problema su experiencia con las ideas de sus hijos y esposa.

Coinciden en el planteamiento: saldar deudas, asegurar el futuro familiar, darse un año sabático viajando por México y el mundo. Otra parte se iría para gastos de salud, comprar casa nueva y asignar una suma pertinente a estudios hasta nivel de postgrado. Destinarían una partida al apoyo de los familiares cercanos. Una suma adicional yacería en el cementerio de los préstamos a fondo perdido. De seguro habría acercamientos para tal fin. ¡Uta, qué rápido vuela el dinero! – dice el hijo menor, asombrado.

Tendrían que avisparse todos para disfrutar el dinero sin dejar de prever el futuro.

Queda un pendiente: ¿y la cuestión social? La decisión presidencial, en el fondo fue una apelación a la búsqueda de apoyo de su base social.

Viene entonces el recuento de tantas carencias y oportunidades perdidas en un país plagado de corrupción y malos manejos. ¿Cuántos de los robos sufridos por cada uno de los miembros de la familia han sido producto de lo anterior?

Por unanimidad, deciden que, después de sacar cuentas, se abocarían a la creación de una fundación de apoyo a estudiantes de bajos recursos, así como a proyectos de ciencias, artes, deportes y artesanías.

El resto quedaría pendiente para poner en marcha ideas de negocios después de la serie de viajes que emprenderían.  Inmejorable oportunidad para meditar.

Fortunato y familia desayunan sus últimos chilaquiles como clasemedieros. Apagan sus celulares, desconectan el teléfono fijo, se aíslan del mundo.

Han entendido el riesgo que entraña perder el alma y la esencia frente al embate súbito de la diosa fortuna. La dación de un auto a una financiera les había enseñado que los bienes van y vienen. Prescindieron de él sin mayores problemas. Esa lección es muy importante. En la vida se debe saber perder y saber ganar.

En realidad el dinero no es solamente de su familia, proviene de una nación entera. Una cantidad tan grande de sopetón conmueve el alma; así lo percibe la familia completa.

¡Papá, es una tontería soltar tanto dinero! ¡Ya lo tenemos en nuestro poder! – dijo el hijo mayor. Somos individuales, pero también colectivos, no lo olviden – le respondió Romina.  Quedará suficiente para más de una generación, si lo cuidamos. Hemos recibido una concesión divina o como gusten llamarle. Es mejor estar en paz con nuestra conciencia, abonar al futuro del país y el mundo con nuestros actos. Esta es nuestra cita con la historia. Además, también se trata de sentar un precedente con nuestro ejemplo.

La cuestión es cerrar el primer frente, unificarlo, actuar coordinadamente ante lo que se avecina. En ocasiones el dinero puede ser lo mismo una bendición que una maldición – exclamó Fortunato.

Se bañaron, se pusieron su mejor ropa, reencienden sus celulares. Están listos para hacer frente a las cámaras y a las hordas de periodistas, youtubers, blogueros, parientes y amigos.

*Escrito antes de que se hubiera informado que la rifa constaría de premios en numerario y por lotes.

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