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La guerra del litio

ESPECIAL, Ene. 27.- Desde que Bolivia nació como un homenaje a El Libertador, Simón Bolívar, siempre ha sido una circunstancia histórica extraña. Se llamó Bolivia porque queríamos encontrar la manera de brindar homenaje al poder. Uno de los grandes fenómenos antropológicos que algún día habrá que estudiar será por qué los latinos tenemos esta relación tan extraña con el poder. La relación entre los latinoamericanos y el poder es una relación que nunca es de pie, siempre es de rodillas. Al principio acariciamos y luego mordemos, pero, sin cambiar la posición, siempre lo hacemos de rodillas.

No fue hasta la muerte de Butch Cassidy, que la mayoría de las personas se dio cuenta de que en realidad no sabía dónde se encontraba Bolivia en el mapa. En la era de la cocaína tuvo que venir un cocalero para convertirse en el primer Presidente aymara y hacer de Bolivia un país que tuviera un peso y una repercusión en el mundo. No se equivoque, el problema no es entre Evo Morales, el indio aymara, los creyentes o los que han devuelto la Biblia al Palacio Quemado de La Paz. El problema actual de Bolivia es muy sencillo: se llama geoestrategia y gira en torno a la capacidad de controlar el mundo a través de un elemento que tiene más importancia de lo que podríamos pensar, el litio.

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Una de las razones por las que Estados Unidos perdió la batalla del 5G fue porque quiso acabar con Huawei a como diera lugar. Hasta la fecha los estadounidenses no han logrado derrotar a la empresa china y en el mundo hay muchos países que ya hacen uso del 5G. Mientras eso sucede, seguimos esperando cuál será el 5G estadounidense con independencia de la obligatoriedad y requisitos que tienen que cumplir las compañías.

Pero, ¿sabe qué es lo que pasó? Lo mismo que cuando en 1905 el Primer Lord del Almirantazgo inglés tomó una decisión que cambiaría la forma en la que funcionaba el mundo. Y esa decisión fue que los barcos de su Majestad británica no continuarían siendo accionados más por vapor y que, a partir de ese momento, funcionarían haciendo uso del petróleo. Después de eso vino la Declaración Balfour; el surgimiento de Medio Oriente como potencia energética; la guerra y la voladura del último general iraní. La realidad es que nunca dejamos de tener problemas debido a la hegemonía de la materia prima que daba el control, el petróleo.

Hoy el mundo sigue pagando las consecuencias de la decisión que se tomó en 1905, cuando el petróleo lo era todo. Es cierto que en este momento, su vida y mi vida, su frío y mi frío sigue dependiendo de que no destruyan el Estrecho de Ormuz. Pero para que mañana podamos seguir comunicándonos, tener personalidad a través de su teléfono móvil y que usted me pueda seguir leyendo en su celular, será necesario asegurar qué país o países serán los que controlarán el litio. Y esa es la verdadera razón que se esconde detrás de la guerra del litio.

Además de Bolivia, en los últimos años se han ido descubriendo grandes yacimientos de litio en otros países, tal es el ejemplo de México, donde se encuentra el mayor yacimiento de este elemento químico en el mundo y que está ubicado en el estado de Sonora. Sonora, lugar de tierra caliente debido a la interminable guerra civil del narcotráfico, pero también es el lugar donde México ha recibido el regalo divino al ser poseedor del metal del poder de nuestros tiempos. Esperemos que no le alcance la guerra.

Una vez superada la guerra de los softwares y que los que han formado parte de la transformación universal de la revolución de las comunicaciones entiendan que no todo el monte puede ser orégano, será necesario establecer el nuevo reacomodo mundial y las implicaciones que este tendrá. Porque realmente el software o el hardware son temas de estructura y de conocimiento científico de desarrollo. Pero, ¿quién posee algo físico que pueda anular, conducir o llevar la revolución hasta sus últimas consecuencias? Parece que de momento sólo el litio es capaz de lograr eso. Por lo tanto, llamemos a esta confrontación guerra del litio y sepamos que ninguno de los que estamos en medio de ella importamos de nada.

Las tribus que están alrededor del Golfo Pérsico, a diferencia de países como Bolivia, no tuvieron la mala suerte de ser conquistados por los españoles ni por los misioneros. Y simplemente cuando Arthur James Balfour se puso a manipular la realidad para que Inglaterra, por medio de la Declaración Balfour, siguiera controlando la región una vez que se fueran, empezaron a descubrir que algo le tendrían que dar a los locales y en ese momento iniciaron a cambiar camellos por gas. En ese momento los árabes y las tribus de la región crearon unas condiciones sin antecedente histórico alguno y que fue el inicio de la defensa de la soberanía de su territorio. Sin embargo, en el caso de Bolivia –país conquistado y ocupado por una inmensa mayoría indígena sin derecho a voto, a pan ni a nada– se presenta una situación distinta.

Bolivia es parte de una situación irrepetible porque no es un problema que se resolverá con darles más dinero, es un problema desencadenado a partir del hecho de que no tuvieran memoria histórica de pertenecer a un país. En el siglo XXI, el elemento que da el poder y el control a los países ya no es el petróleo, es el litio. Y Bolivia es el mayor almacén conocido de litio en la Tierra hasta el momento. Bolivia ha vendido su litio a China, y Estados Unidos no puede consentir el monopolio chino sobre este elemento químico. A partir de ahí, todo lo que haga falta y más, porque, al final del día, nunca –y menos cuando se trata de poder– los principios importan, salvo para explicar, engañar o disimular las verdaderas razones de una guerra. Pero, además, en este caso, está el enfrentamiento, por ejemplo, con México o con otros países. Esa epidemia de dignidad nacional que le ha entrado a los bolivarianos, toda esa situación en cadena, usted comprenderá que sólo hay que buscarla como lo que es, un guión escrito no en la guerra de las galaxias, pero sí en la guerra del litio.

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