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Resistir

Luis Enrique Gómez Ortega

Mi madre falleció de una enfermedad, devoradora de sus  pulmones y asesina de sus fuerzas, con la que pervivió los últimos diez años de su existencia; en ese tiempo mantuvo el amor por la vida en medio de todas las incomodidades que sufría, o que aceptaba. Hace unas semanas un amigo cercano también se fue de este mundo, los que lo conocíamos quedamos sorprendidos de cómo había ocultado su enfermedad y se había mantenido atado a la vida diaria, a su rutinas cotidianas. Conozco a personas que resisten, se aferran a darle un sentido a lo que experimentan; no se dan por vencidas tan fácilmente; empujan, sudan, jalan, salen del atasco físico o emocional. Cambian su mente, su visión del entorno, su acción para seguir. Resisten.

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Resistir, dice la Real Academia, cuando se refiere a persona o animal se trata de pervivir (seguir viviendo a pesar del tiempo y de las dificultades); también es oponerse con fuerza a algo; es también combatir las pasiones, los deseos, etc. Es un verbo de acción, no solo de reacción. Es hacer algo contra aquello que me empuja a donde no quiero.

Me opongo, resisto, a que mi ciudad, mi país, se acostumbre a la violencia, a la sangre, al mal. Y, por eso, sigo caminando a diario, entrando al aula con jóvenes que vagan (no navegan) en las redes sociales de lo efímero. Me resisto a pensar que esta generación está perdida. Me resisto por mis hijos y mi esposa y mi vida.  Y quizá lo que hago no es suficiente aún. Habrá que hacer más en lo individual y en lo social.

Miguel Benasayag dice que “resistir no es solo oponerse, sino crear, situación por situación, otras relaciones sociales” (El Diario, 24/04/2015). Podemos resistir al mal cotidiano con acciones sencillamente buenas: nuestro trabajo, la charla con los que viven conmigo, leer algo alegre o pacífico durante unos minutos, provocar a pensar a los demás, callar en medio de tanto escándalo, soltar el celular varios momentos en el día. Podemos resistir con algo más comprometedor: reuniendo niños, adolescentes, jóvenes en algún grupo de lectura, de ejercicio, de aprendizaje, de música, de canto. Sin estructuras de por medio, sin politiquerías, sin intereses creados. Solo una resistencia contagiosa, humana, espontánea.

Contra la costumbre, resistir. Contra el amodorramiento, resistir. Contra la indiferencia, resistir. Contra la violencia, resistir. Que nuestra resistencia recupere los espacios robados: la calle, el parque, la noche, el día, la paz.

Cuando murió mi madre escribí en su memoria, hace ya un año, que tenía la virtud de haber vivido de manera extraordinaria una vida ordinaria.

Hoy, creo que  resistir es volver extraordinaria nuestra ordinaria existencia.

 

Profesor.  lgomezortega@gmail.com

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