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Entre Donald Trump y el pacifismo de López Obrador

ESPECIAL, Nov. 09.- En clave de suma cero, donde lo pierde uno lo gana el otro, pareciera que la secuencia de sucesos violentos (Aguililla, Culiacán y La Mora) de las últimas semanas han puesto de manifiesto la debilidad de la estrategia de seguridad del Gobierno federal y eso da la oportunidad para que Donald Trump salga al paso y plantee una eventual colaboración con el Gobierno que preside López Obrador. Lo dijo claro y contundente en un Twitter que está semana circuló:

“Una familia y amigos maravillosos de Utah quedaron atrapados entre dos viciosos carteles de la droga, que se disparaban el uno al otro, con el resultado de la muerte de grandiosos estadounidenses -incluidos niños pequeños- y algunos desaparecidos” (…) “Si México necesita o solicita ayuda para limpiar estos monstruos, Estados Unidos está listo, dispuesto y capaz de involucrarse y hacer el trabajo de manera rápida y efectiva”. Más aun, “¡El grandioso nuevo Presidente de México ha hecho de esto un gran tema, pero los carteles se han vuelto tan grandes y poderosos que a veces necesitas un ejército para derrotar a un ejército!”.

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La respuesta de AMLO no se hizo esperar y cuidando las formas diplomáticas AMLO señaló: “Le agradecemos mucho al Presidente Trump, a cualquier gobierno extranjero que quiera cooperar. Pero, en estos casos, nosotros tenemos que actuar con independencia, de conformidad con nuestra Constitución y con nuestra tradición de independencia y de soberanía. Voy a hablar con el Presidente Trump para agradecerle su apoyo, ver si en el marco de los acuerdos internacionales vigentes solicitaríamos ayuda. Creo que no necesitamos para atender estos casos, de la intervención de un gobierno extranjero, todo esto de manera muy respetuosa. Somos un país libre y soberano, no puede intervenir otro gobierno en nuestro territorio, si no existe un acuerdo y la solicitud expresa de nuestro Gobierno”.

La política de “abrazos y no balazos” evidentemente no está obteniendo resultados favorables, los cerca de 30 mil homicidios dolosos en lo que van de su gestión demuestran una tendencia sin precedentes. Los abrazos han sido respondidos con balas asesinas. No hay además indicios de que esa tendencia vaya a cambiar en el mediano plazo. Podría pensarse incluso que la estrategia de seguridad pública le da alas a los cárteles que pululan por todos los rincones del país. Y, como no, cuando la orden del Jefe de las Fuerzas Armadas es evitar los enfrentamientos renunciando prácticamente a la violencia legítima del Estado mexicano.

Esto ha provocado reacciones en el Ejército por no estar dispuestos a poner la otra mejilla cuando son motivo de agresión por los cárteles del crimen organizado. Los pronunciamientos de algunos generales han sido duros y eso ha llevado a que AMLO hable de la amenaza de un golpe de Estado y la expresión desafortunada de que el “pueblo” de ser cierto no lo permitiría. Mala reacción ante un problema de seguridad que reclama la cohesión del Presidente y el Gabinete de Seguridad Pública y una estrategia coherente y firme en la lucha contra el crimen organizado.

AMLO ha dicho que la fórmula de la “guerra contra el narcotráfico” ya se probó y sólo ensangrentó al país. Bien. Lo cierto es que la estrategia de pacificación del país está demostrando es más sangrienta y de mantenerse la tendencia al final de sexenio podría acercarse a los homicidios dolosos de los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña.

La circunstancia violenta obliga a revisar la estrategia de seguridad y poner en el centro el papel de las instituciones del Estado mexicano en un acto concertado donde cada una de ellas haga lo que le corresponde. Y eso no significa, que sea repetir lo realizado por Calderón y Peña, porque en el caso AMLO, la estrategia incluye una miscelánea de acciones que buscan minar el pilar económico de los grupos criminales y eso pasa por el sistema bancario y financiero.

Sabemos que AMLO está obsesionado con hacer un Gobierno pacifista al estilo de los grandes hombres de la historia contemporánea, hay quienes lo ven ya incluso recibiendo el Premio Nobel de la Paz, sin embargo, el Estado en la circunstancia actual no puede ni debe renunciar a la violencia legítima por la seguridad misma de los ciudadanos. De personas como los policías asesinados de Aguililla, los ciudadanos aterrorizados de Culiacán o la muerte despiadada de la familia mormona Lebrón, más los que se acumulen en los próximos días y semanas. La realidad sangrienta está llamando a dar un paso atrás para luego dar dos pasos adelante.

Ahí es donde se coloca, el mensaje de Trump que implícitamente está diciendo si no lo puedes hacer tú, lo vamos a hacer nosotros, en política militarista los vacíos se llenan y en este momento lo está haciendo mediáticamente. AMLO seguramente vive un momento de desconcierto su retórica mañanera sólo pega ya entre los más fieles pues franjas de la sociedad ven con asombro y miedo lo que está sucediendo en distintas partes del país. Y, lo más grave, es que los márgenes de actuación tienden a acotarse y quizá tenga que bailar con la más fea de las opciones.

En la respuesta a Trump dejó abierta la posibilidad de hacerlo en el marco de los acuerdos de colaboración bilateral y eso es una toma de posición política, sabe que se tienen que asumir decisiones de acuerdo con el tamaño de la escalada de violencia y con ello seguramente se iría al menos aquello de “abrazos no balazos”. Así, el debate sobre la incursión norteamericana se instale en la opinión pública. Es un momento mediáticamente oportuno, el horno si está para bollos. Y si se presenta será una decisión que el gabinete tendrá que reflexionar y el Presidente asumir el costo político correspondiente. Trump puede argüir ante el Congreso de los Estados Unidos que el caso de La Mora que se está ante actos de terrorismo. Que si nos vamos por las imágenes que han dejado los sucesos de los últimos días nada desmerece a las que se dan en lugares donde están activos grupos reconocidos como terroristas en organismos internacionales. Y ese es un buen argumento para explorar la incursión en México. En Estados Unidos las imágenes que circulan de nuestro país no necesitan cosméticos están ahí con toda su crudeza y eso en un pueblo que está mediatizado y atizado de discurso de odio no es difícil que lo compre. Y eso vendría a complicar la situación del Gobierno obradorista que tiene muchos frentes abiertos.

En definitiva, son tiempos de redefiniciones en materia de seguridad y lo peor es generar vacíos porque como lo señale en política los vacíos se llenan y no siempre con las mejores intenciones.

www.sinembargo.mx

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