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Nuestras preocupaciones

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

“Marta lo recibió en su casa. – María escogió la mejor parte”

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Lucas 10, 38-42

No me imagino la vida sin buenas dosis de pendientes, ansiedades, angustias ante lo conocido y lo desconocido, problemas reales o imaginarios, conflictos y desafíos. Las preocupaciones vienen en el paquete de la vida. Todo revueltito, antes y después de las ocupaciones. Mientras la vida sea caminar por las diferentes etapas para superar las imperfecciones  y crecer en edad, gracia y sabiduría, las preocupaciones se asomarán por las ventanas interiores y se notarán en las paredes del cuerpo y en el techo de la vida.

El Evangelio de este domingo habla de la actitud del discípulo de Jesús ante estas realidades. No olvidemos que Lucas nos envía -también en vacaciones- a la escuela del discipulado mientras Jesús sube a Jerusalén. “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan”, dice Jesús a Marta; a María, pareciera no preocuparle nada.

Ante “el afanarse en muchos quehaceres” de Marta, Jesús da la razón a María y con mucho: “escogió la mejor parte y nadie se la quitará”. ¿Es que Jesús discrimina a Marta? ¿El trabajo doméstico carece de valor? ¿Jesús favorece el aparente pasivismo de María? ¿Hay trabajos superiores?  De ninguna manera. El sentido del diálogo entre Jesús y las hermanas de Lázaro es otro.

En el texto proclamado se insinúan ya las grandes tensiones y preocupaciones generadas en la Iglesia primitiva. El momento que vive es muy delicado: debe decidir si quedarse encerrada en el mundo judío o abrirse a la catolicidad, a todos los pueblos. Marta quiere jalar a su hermana al campo de la sola observancia de la ley. Su deficiencia está en la preocupación “por tantas cosas”, una preocupación excesiva que hace olvidar y descuidar lo más importante.

Jesús acentúa que María ha escogido la mejor parte, es decir, ha encontrado la “sola cosa necesaria”: Jesús y el reinado de Dios. María elige la senda del discipulado “sentándose a los pies de Jesús”, como quien quiere aprender. Desde ahí todo lo demás se ve como una “añadidura”. Buscar el Reino de Dios y su justicia será para el discípulo misión y tarea donde deberá poner todo su corazón con las respectivas preocupaciones.

 

Como a Marta, a nosotros cristianos del siglo XXI muchas preocupaciones nos agobian e inquietan. El resultado es la dispersión, la confusión, la indiferencia, la increencia, la desconfianza, el vacío. Pareciera que el mundo que construimos está tan alrevesado que nos conformamos con ‘las añadiduras’. El gran drama de nuestro tiempo es que “la sola cosa necesaria” está siendo descartada como fundamento, sentido y orientación de nuestros proyectos.

La máxima preocupación del cristiano debe ser el “venga a nosotros tu Reino”. Ésta engloba todas las preocupaciones, incluso las más pequeñas, con todo y sus responsabilidades. Si el Reino viene de verdad y en la verdad la historia irá caminando hacia su plenitud. Entonces habremos escogido la mejor parte que nadie nos arrebatará.

Con mi bendición y afecto, también en tiempo de vacaciones.

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas

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