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Testigos creíbles

 

“Mientras los bendecía, iba subiendo al cielo”

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Lucas 24,46-53

En el ambiente de la Ascensión del Señor todo huele/suena a despedida y envío, ausencia y presencia, misión cumplida y tiempo de los testigos, Cristo y la Iglesia. Sin embargo los discípulos de la primera hora (también los de la nuestra) no acaban de comprender la nuevas implicaciones de la fe en el Resucitado. Habrá que esperar al Paráclito, al Espíritu Santo.

No es fácil aceptar que hay cosas que acaban, historias que terminan, ciclos vitales que se cierran. Es la experiencia humana de todos los días. Nos acostumbramos a las personas que amamos, a determinadas presencias, creamos dependencias. Pensamos que, si nos falta alguien ya nada será igual… Sin embargo, hay partidas y despedidas que son necesarias. Es la oportunidad para ser lo que estamos llamados a ser, desarrollar la originalidad y la potencialidad que llevamos dentro. Hay que cortar el cordón umbilical, decimos coloquialmente. Desde esta óptica podemos aproximarnos al sentido de la fiesta de la Ascensión.

Jesús ‘termina’ la misión encomendada. Hasta el presente se han cumplido las Escrituras: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y resucitar al tercer día…” Ahora comienza un tiempo nuevo: “En su nombre se predicará, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados”. Empieza el tiempo de los testigos. La Ascensión indica el momento preciso de la separación (se fue elevando a la vista de ellos). Antes les había enseñado qué hacer y les había instruido cómo ser testigos creíbles. Les había asegurado que no estarían solos en su testimonio misionero.

La Ascensión del Señor es la fiesta de la adultez del cristiano. Éste ya no cuenta con la presencia física del Señor pero tendrá a su favor otro tipo de presencias. La fe en el Resucitado le conducirá a encontrarlo en los escondites de la vida, allá donde parece no soplar ni siquiera un suave viento. Ser testigo del Señor será su misión, es decir, comunicar a otros lo que ha visto y oído. Es el tiempo de que la fe se haga compromiso, apertura, salida, autonomía, riesgo, audacia. Nunca estará sólo porque le acompañarán otros testigos. No hay duda que somos deudores de la Iglesia que nos ha precedido. Los discípulos del mañana serán deudores de nosotros, si somos testigos comprometidos.

Al testigo cristiano, modelo siglo XXI, se le pide que irradie el Evangelio de la esperanza. Hay tantas personas heridas en el camino que necesitan de modernos samaritanos de la compasión incondicional, al estilo Jesucristo. El cristiano ‘momia’ es el que se queda mirando al cielo sin mirar a su alrededor y sin hacerse hermano de los peregrinos que se han quedado tirados en las cunetas de la historia.

Celebrar con fruto la Ascensión del Señor es acercar su Pascua a quienes están atrapados por la muerte de la esperanza. ¿Cómo ser testigos creíbles? Una sola es la misión; muchas y polifacéticas las tareas.

Señor Jesús, haznos testigos de la esperanza y de la paz.

Con la bendición solemne de la Ascensión del Señor.

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas

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