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Saber conversar

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Rafael Robles Flores

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“La conversación es la expresión de nuestro modo de pensar”. Lucio Anneo Séneca Filósofo latino

Como seres humanos usamos el habla para comunicarnos y generar relaciones, para expresar nuestros deseos y frustraciones, para entender y entendernos, para coordinar acciones con otra persona. Sin embargo, en muy pocas oportunidades nos enseñan a mantener una conversación efectiva, a generar una situación en donde podamos expresarnos con claridad, podamos escuchar a nuestro interlocutor y entenderlo, podamos generar pedidos efectivos, negociar y, en última instancia, sacar el mejor provecho de la conversación.

Asimismo, todos conversamos, como caminamos o respiramos, pero –en general- lo hacemos con grandes deficiencias. Esto tiene un profundo impacto en nuestra existencia y no siempre estamos conscientes de ello. La manera como conversamos define de un modo determinante cómo somos, la identidad que tenemos, el tipo de vida que generamos y nuestra efectividad en las relaciones con las personas con las que interactuamos.

Toda relación social –sea con amigos, familiares, compañeros de trabajo, clientes o proveedores- está determinada en gran medida por la manera en que se conversa. Buena parte de los problemas o de las oportunidades que se generan, de las satisfacciones e insatisfacciones que nos agobian, son de esta habilidad.

Así, el diálogo sugiere un fluir de sentido negociado que se da entre y a través de las personas  cuando conversan, es decir, cuando hablan y escuchan. Un ejemplo son los directivos, gerentes y supervisores que tiene gente a su cargo. Ellos organizan, planifican, coordinan, evalúan, conducen, motivan. Si alguien los observara durante todo el día, comprobaría que conversan todo el tiempo. Están en reuniones, entrevistas, por el teléfono o reflexionando sobre un determinado proyecto. Cada una de esas actividades se realiza conversando, hablando con otros y escuchando lo que dicen. El nivel de efectividad que exhiban sus acciones dependerá de cómo las realice.

De las deficiencias típicas de una persona en su trabajo se puede mencionar una larga lista. Una muy evidente es que no saben escuchar de manera efectiva, lo que suele traducirse en demoras, trabajo duplicado, gastos innecesarios, relaciones personales deficientes, desmotivación.

Tampoco sabe requerir de forma eficaz, y muchas veces, cuando es necesario pedir, no lo hace, o bien, lo hace pero termina comprometiendo resultados. Otra deficiencia guarda relación con el hecho de no saber discernir cuál es el tipo de conversación conveniente u oportuna. De ahí que no siempre se den las conversaciones necesarias. Por estar condicionadas a charlas anteriores, algunas no resultan efectivas. En otras ocasiones se trata con la persona inadecuada, en el momento menos oportuno y en el tono emocional equivocado. Con esto se obstaculiza e impide el éxito buscado.

Por otra parte, las parejas intensifican sus problemas por deficiencias al conversar y esa área de oportunidad se proyecta en una comunicación inadecuada con sus hijos, lo que genera un círculo vicioso que en el futuro se proyecta a la vida social y laboral.

Así, vemos que el saber conversar es un elemento clave para desarrollarnos como personas y como miembros de cualquier organización social, política o económica. Para ello, es necesario dedicar un tiempo a desarrollar continuamente esta habilidad porque de lo contrario sufriremos las consecuencias tarde o temprano. Usted, ¿qué piensa?

Twitter: @rafaelroblesf

El autor es director de Humanidades en el Tecnológico de Monterrey Campus Sonora Norte.

 

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