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El gran negocio del tabaco en México

ESPECIAL, Jun, 11.- En el sexenio anterior, se volvió costumbre anual que a fines de mayo la COFEPRIS anunciara el decomiso de un cargamento de tabaco ilícito. El anuncio era seguido por la industria tabacalera que salía a atacar el impuesto al tabaco como causa de este mercado ilícito que, argumentaba, alcanzaba el 17 por ciento de los cigarrillos vendidos. A fines de mayo daba inicio el proceso en Hacienda de discutir las políticas fiscales del año siguiente. Este era un acto más del servicio estratégico que COFEPRIS brindó el sexenio pasado a las industrias que debería regular para reducir el daño en la salud de sus productos. Parar regulaciones significa para las corporaciones, proteger millones en ganancias, y para la población: graves daños en salud, en especial, a los más jóvenes.

Un estudio hecho público recientemente, muestra que la penetración del marcado ilícito de tabaco es de 8.8 por ciento, muy por debajo del 17 por ciento que argumentaba la industria y reforzaba la antigua COFEPRIS. Este argumento se utilizaba para no aumentar el impuesto al tabaco que había quedado totalmente desfasado de las experiencias y recomendaciones internacionales de impuestos más altos. Los impuestos muestran ser la medida más afectiva para impedir el ingreso de más jóvenes al tabaquismo, adicción que termina por matar a uno de cada dos fumadores, a través de las enfermedades que se vinculan a su consumo.

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El tabaco causa la muerte de 51 mil 600 personas cada año en México y genera un costo anual de más de 77 mil millones de pesos anuales. Las políticas para reducir el consumo de tabaco que han demostrado reducir el ingreso de grandes masas de jóvenes al tabaquismo, significan que cada joven que no se vuelve fumador, tenga una esperanza de vida de 5 años y medio más que el joven que si se volvió fumador.

La estrategia de las tabacaleras de exagerar el mercado ilícito de cigarrillos para evitar el aumento de impuestos afecta una de las políticas más exitosas en el mundo para lograr reducir el consumo de estos productos. La complicidad de la autoridad en esta estrategia tiene como efecto miles de años de vida perdidos. De hecho, el reporte sobre el mercado ilícito que realizó el Instituto Nacional de Salud Pública en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud que muestra que la venta de cigarrillos ilícitos es de la mitad del que las corporaciones y COFEPRIS reportaban en el sexenio pasado, estuvo listo desde el año pasado, sin embargo, COFEPRIS se negó a que se hiciera público.

Tener un mercado ilícito de 8.8 por ciento se encuentra dentro de los estándares de naciones de ingresos medios y no sería motivo alguno para impedir que los impuestos al tabaco aumentaran, como establecen las recomendaciones internacionales.

El profundo vínculo de la COFEPRIS del sexenio pasado con las corporaciones que introducen en el mercado los productos que más enfermedad y muerte causan entre los mexicanos (el tabaco, el alcohol, las bebidas azucaradas y la comida chatarra) provocó que esta institución convirtiera su misión de proteger a la población frente a riesgos sanitarios en una institución que propagó entre la población estos riesgos sanitarios.

Durante el sexenio anterior se mantuvo la reticencia a establecer una política nacional frente al consumo de alcohol, que es común en otras naciones y que en Rusia llevó a reducir en 50 por ciento su consumo en solamente 20 años. Se estima que el consumo de alcohol causa más de 50,000 muertes anuales y genera un costo de más de 110 mil millones de pesos cada año en México. Aparte de las enfermedades relacionadas al alcohol, los costos que genera su consumo en accidentes, en aumento de casos de violencia doméstica, violaciones y feminicidios, en descomposición familiar, son incuantificables en una sociedad con el grado de violencia y descomposición social que se vive en México. Nada se ha hecho en profundidad frente al enorme poder de las corporaciones del alcohol y sus cabilderos que han tenido una muy larga relación con los poderes políticos en nuestro país.

Por el lado de las bebidas azucaradas y la comida chatarra, COFEPRIS actuó bajo las órdenes de ConMéxico, ANPRAC. ILSI, FEMSA, CANACINTRA y demás asociaciones, empresas, organismos, etcétera, para establecer un etiquetado que nadie entendiera y una regulación de la publicidad dirigida a niños de alimentos y bebidas no saludables que es toda una gran simulación. Al respecto hemos expuesto como COFEPRIS excluyó a la academia de estas regulaciones y las elaboró de la mano de la industria en contra de las recomendaciones internacionales.

Se estima que los costos generados por las enfermedades y muertes asociadas al alto consumo de tabaco, alcohol, comida chatarra y bebidas azucaradas es de más de 550 mil millones de pesos anuales. El Consejo Nacional de Población dio a conocer recientemente que la esperanza de vida entre los mexicanos se ha reducido en dos años. Las causas centrales de la reducción en la esperanza de vida de los mexicanos las centra CONAPO en la violencia y la diabetes.

En el pasado, en las sociedades tradicionales, existía el consumo de fermentados y destilados, y en algunas se fumaba tabaco. El consumo de estos productos se realizaba en festividades y, regularmente, en ceremonias. El consumo frecuente y adictivo del tabaco y el alcohol en nuestras sociedades es un producto de la publicidad y los ambientes tóxicos generados por las estrategias de mercadeo de las grandes corporaciones que están dirigidas a que los consumidores aumenten el consumo de estos productos y que aquellos consumidores que aún no los consumen, comiencen a consumirlos.

En el caso de la comida chatarra y las bebidas azucaradas, se trata de productos que no existían antes y que tienen un efecto de sustitución de los alimentos naturales y las dietas tradicionales, convirtiéndose en la principal causa de obesidad y diabetes. Existe también en estos productos, por parte de sus fabricantes, el objetivo que quienes los consumen no dejen de consumirlos, para lo cual buscan un diseño adictivo basado en la combinación de altas cantidades de azúcar, grasas y/o sal.

COFEPRIS, en la administración anterior, no actuó para reducir el consumo de tabaco, alcohol, comida chatarra y bebidas azucaradas, las principales causas de enfermedad y muerte. De hecho, ya sea por omisión, por regulaciones a modo de las corporaciones y por manipulación de la información, COFEPRIS llegó, incluso, a promover su consumo.

A ello hay que agregarle las actuaciones de COFEPRIS para mantener en el mercado mexicano más de 100 agroquímicos altamente tóxicos prohibidos en otros países, no hacer nada frente al uso masivo del Clembuterol en la carne, permitir la presencia de ingredientes tóxicos en los cosméticos cuando comenzaron a prohibirse en otros países, etcétera, etcétera, etcetera.

Las grandes corporaciones que contaban con la complicidad de COFEPRIS ahora se encuentra muy nerviosas por haberla perdido. Falta tan sólo que las regulaciones que fueron bloqueadas o hechas a modo por estos intereses privados, sean reformuladas para verdaderamente proteger a la población de los riesgos sanitarios que significa el consumo de estos productos.

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