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¿Violencias en Cuaresma?

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

“Si no se convierten, perecerán de manera semejante”

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Lucas 13,1-9

La violencia es una de las realidades más preocupantes en el siglo presente. Aunque ha existido desde Caín, en nuestros días tiene especial relevancia por sus variadas formas y la publicidad-propaganda que la expande. Nos sabemos rodeados de distintos tipos de violencia y de la perversión de sus negociantes al usarla como mercancía de consumo en los variados mercados. La violencia amenaza con convertirse en estilo trivial de vida y ya aparecen, cada vez con más frecuencia, sus adoradores.

Ha corrido mucha sangre desde el inicio de la humanidad. Situaciones problemáticas de la vida han tratado de solucionarse derramando sangre. Ésta salpica todo, o casi todo, y a todos. El ser humano ha buscado explicaciones y ha tratado de poner controles. Hemos avanzado desde ‘el diente por diente’ hasta el ‘no matarás’. Sin embargo, la violencia ocupa cada vez más espacios y amenaza en conquistar ´legalmente’ campos considerados de frontera por la humanidad: el inicio de la vida humana y su término natural. Parece que el instinto de agresividad que deambula en todo ser humano es insaciable.

En tiempos posmodernos aparecen violencias posmodernas. No me refiero al comercio de nuevas armas nucleares, o químicas, u otras cada vez más sofisticadas, sino al intento de usar el mal de la violencia como arma para destruir al que se opone a mis intereses. Últimamente se ha usado el arma de la mentira completa, o en partes, como ciencia para ‘acabar’ con el contrincante. Lo hemos visto en campañas electorales y en otros momentos. La violencia intrafamiliar y la invitación a la violencia en las redes sociales ocupan cada vez más espacio; son males que matan la armonía y destruyen la esperanza.

En el Evangelio del tercer domingo de Cuaresma Jesús alude a dos episodios violentos que terminan en la muerte. Y nos hace una severa advertencia: “¿Piensan que esas personas eran más pecadoras que ustedes? … Y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante”. Dios no quiere la violencia. Aunque haya en nosotros un componente ineludible de agresividad, Dios ha inscrito en el corazón del hombre la vocación a la fraternidad y la paz.

Cuaresma es tiempo favorable para meditar en nuestra responsabilidad ante tantas violencias que provocan pérdidas, sufrimiento, soledad, desconfianza, fracasos. En un mundo de tantas violencias el “conviértanse” incluye necesariamente ser artesanos de la paz. Los frutos de nuestra “higuera” se ‘pesan’ en justicia, colaboración, respeto, hacerse prójimos, solidaridad, compasión, misericordia. Todos realizados y medidos en gestos concretos.

El Papa Francisco nos dice en el mensaje de Cuaresma 2019 que “el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón para poder vivir toda la riqueza de la gracia del Misterio Pascual”.

Iniciemos en casa y alrededores erradicando hasta el más pequeño resquicio de violencia. Entrar en el camino de la conversión puede marcar la diferencia para hacer de la paz un estilo de vida permanente.

Con la bendición cuaresmal.

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas.

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