Clima Navojoa: Jueves 36°C
Inicio / Cintilla / Mientras oraba

Mientras oraba

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

 

MENSAJES
Capilla Notas Adentro
Kowi Top

“Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto”.

Lucas 9, 28-36

La petición del Papa Francisco “recen por mí” se ha hecho viral desde hace seis años. Es habitual escucharlo al terminar cada intervención en la Eucaristía, la calle, el hospital, el estadio, el avión. ¿Por qué esta insistencia? ¿Por la cruz pesada del pontificado? ¿Espiritualidad jesuítica? ¿Necesidad de imitar a Jesucristo, el Buen Pastor? ¿Compañero de Pedro, Santiago y Juan en la transfiguración? Llama la atención el énfasis, la constancia, la oportunidad y… la humildad de este pastor con olor a oveja. De seguro no es una pose exhibicionista.

Podemos comprender mejor la insistente petición y la actitud orante del Papa al escuchar el Evangelio del segundo domingo de Cuaresma. La narración de Lucas comienza diciendo que “Jesús se hizo acompañar de Pedro, Santiago y Juan, y subió a un monte para hacer oración”. “Mientras oraba” es cuando se transfigura: “cambia de aspecto, sus vestiduras se hacen blancas y relampagueantes”. El marco de la luz del rostro resplandeciente de Jesús es la oración, el encuentro con su Padre en un momento crítico para su misión.

Antes de subir al monte Jesús pasa por una fuerte crisis. Se pregunta si sus discípulos y el pueblo entienden su mensaje, si su misión refleja la voluntad del Padre. Por eso pregunta a los discípulos más cercanos: “¿Quién dice la gente que soy yo?…” “Ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” El rostro transfigurado de Jesús manifiesta lo que pasa dentro de él: las incertidumbres han pasado, su vida y su obra tienen sentido, su Padre lo confirma en la misión.

Es tiempo de Cuaresma. La conversión es volver a Dios, es un llamado a dejarnos amar por él, a sentirnos apapachados por su misericordia. Para ello es indispensable descentrarnos de nosotros mismos, subir al monte y dejarnos mirar por el Padre. No hay duda que las ‘confidencias con Dios’ nos transfiguran: nos cambian el humor, la cara, las ganas de luchar y vivir. La intimidad con Dios nos transforma. La gran revelación de Dios en el momento que oramos de verdad no es sólo para que nos sintamos bien, estemos muy a gusto, sintamos mucha paz. La gran revelación de Dios es que descubramos quién es su Hijo y quiénes somos nosotros en relación con Él, con los hermanos, con toda la creación.

El tiempo de Cuaresma nos pone en dirección hacia la Pascua, es decir, hacia la transfiguración/resurrección de Jesucristo y, ¿la nuestra? Si oramos y pedimos que otros oren por nosotros subiremos al ‘monte’ y nos encontraremos con quien es la Luz resplandeciente que brilla desde la mañana de la Pascua de Resurrección. Desde la cumbre se ve mejor la vida y la peregrinación se hace luminosa. Por eso el Papa Francisco nos pide “recen todos los días por mí”. En su mensaje cuaresmal nos recuerda que es necesario “orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia”.

Oremos mutuamente para vivir la experiencia/don de la transfiguración.

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas

Ver también

Da inicio la Campaña Estatal “Aprendo, juego y me divierto en paz sin juguete bélico” 

NAVOJOA, SONORA; Sep. 19 (ESP/NPN).- Con gran éxito dio inicio la Campaña Estatal “Aprendo, juego …