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Las “benditas redes”

CIUDAD DE MÉXICO, Mar. 13.- La noche del 1 de julio de 2018, apenas había ganado las elecciones presidenciales, Andrés Manuel López Obrador agradeció en el Zócalo de la capital, ante sus miles de seguidores ahí reunidos, a las “benditas redes” que le ayudaron a llegar a Palacio Nacional.

Después de 18 años de intentarlo, fue un reconocimiento de que esta vez pudo llegar con el apoyo de una gran comunidad digital que promovió el voto a su favor. Más que agradecimiento, fue una aceptación tácita del papel central que tuvieron las redes sociales para hacer posible la derrota del binomio PRI-PAN que se había instalado en el país durante 18 años después de los 70 años de la hegemonía priista.

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Era la expresión en México del uso social de la Internet a favor de la democracia, como se visualizó a fines del siglo pasado y como se vivió al inicio de esta década en la llamada “primavera árabe”, alentada y financiada desde Occidente a través de las redes sociales.

El uso de las estrategias digitales se ha convertido en una eficaz herramienta para influir en la vida pública, atentando incluso contra la democracia. El caso más evidente es el de la empresa inglesa Cambridge Analytica que utilizó los datos personales de millones de estadunidenses en sus cuentas de Facebook para orientar el voto hacia Donald Trump, en noviembre de 2016. Fue la misma empresa que meses antes había logrado el voto a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, conocido como Brexit.

Trump está gobernando apoyado en una gran estrategia digital. Sus políticas y acciones de gobierno las da a conocer a través de su cuenta de Twitter. Además, ha pretendido imponer lo que describe como “hechos alternativos” a las “noticias falsas”, como llama a la información crítica a su gestión.

En países autoritarios, las estrategias digitales se han convertido en un medio de control contra los medios críticos e independientes.

Un reciente estudio publicado en la revista de la escuela de periodismo de la Universidad de Columbia señala que en los gobiernos de Hungría, Ecuador, Turquía y Kenia están imitando experiencias de autocracias como Rusia, Irán y China, donde se han creado herramientas sutiles como “instrumenos contundentes” para atacar a periodistas.

Entre ellas, la creación de empresas privadas u organizaciones de la sociedad civil que en lugar de ser una expresión de la sociedad civil organizada, en la práctica representan los intereses gubernamentales.

Esto ha permitido que hackers anónimos en Rusia o China ataquen a sus críticos en sus fronteras o a gobiernos extranjeros, y que se presenten como “miembros misteriosos de una extendida sociedad civil global” dice el estudio titulado “La Censura del siglo 21”.

En México, el presidente sigue teniendo grandes aliados en “las benditas redes”. Sin que se pueda asegurar que están financiadas por el gobierno, han surgido numerosas cuentas en redes sociales para arremeter contra los periodistas y medios críticos a López Obrador.

En particular, han coordinado campañas en contra de periodistas que cuestionan al presidente en sus conferencias de prensa matutinas. Signal_Lab, laboratorio interdisciplnario del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, ITESO, ha demostrado la existencia de una operación concertada para atacar y ridiculizar a los periodistas críticos al presidente.

Identificó las etiquetas la #RedAMLOVE”, #PrensaFifí, #Chayoteros, #NoSoyRobotSoyReal y #ReformaTodoLoDeforma como los orquestadores de miles de cuentas para agredir y descalificar a los periodistas que no son afines a López Obrador.

Son legiones de atacantes digitales que en no pocas ocasiones han logrado silenciar a los periodistas; es decir, censurar la crítica. Otro efecto negativo es que muchas personas con cuentas reales reproducen esas campañas.

No hay nada hasta ahora que demuestre que los bots y trolls sean pagados por el gobierno, pero es innegable que el presidente ha contribuido al ambiente hostil en contra de la prensa, descalificando su trabajo y ridiculizándolos con motes que luego se replican en sus redes sociales de apoyo.

Un jefe de Estado democrático promueve la libertad de expresión, no se pelea con la prensa o con un sector de ella. El presidente tendría que llamar a sus “benditas redes” a no prolongar la oscura noche que vive la prensa en México.

 

www.proceso.com.mx

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