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¿En qué somos tentados?

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

 

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“El Espíritu llevó a Jesús al desierto; ahí lo tentó el demonio”.

Lucas 4,1-13

 

El mensaje del Papa Francisco a la Iglesia en ocasión de la Cuaresma de 2019 es actual y comprometedor. El tema, su fundamentación, desarrollo y oportunidad pueden ser la inspiración para que no caigamos en la tentación de sobrevivir una Cuaresma más, repetición de las anteriores, sin visión pascual, con destino final el sábado de gloria.

Aborda el tema central de nuestra fe: el Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo celebrado y vivido en clave de la creación que “expectante, espera la manifestación de los hijos de Dios” (Rom 8,19). La redención de la creación, la fuerza destructiva del pecado y la fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón son las vetas conductoras para que asumamos con seriedad y profundidad nuestras reflexiones cuaresmales en estos tiempos de amenazas y oportunidades. ¿Qué manifestación de los hijos de Dios que peregrinan en este siglo espera la creación que está de pie todavía?

Con el humilde signo de la ceniza hemos iniciado el camino cuaresmal que tiene como destino final la Pascua del Señor, la nuestra y la de la creación. Tiempo fuerte para ir a nuestro interior -sede de nuestra identidad personal-, al espacio donde solamente puede entrar el Espíritu y nosotros.

El domingo primero de Cuaresma escuchamos cómo Jesús es llevado por el Espíritu al desierto donde fue tentado por el demonio. El texto describe someramente las tentaciones y la manera como Jesús las capoteó y las venció; así nos ha mostrado el camino para cumplir bien nuestra misión de cristianos, estemos donde estemos.

¿Qué tentaciones nos van a acosar? Las mismas de Jesús, nada más que traducidas en el siglo veintiuno. Los torbellinos del placer por el placer, el poder por el poder y el tener por el tener están presentes en todo ser humano. Son el campo de cultivo y la ocasión para que tentaciones de todo tipo asomen su nariz e intenten sonsacar a los hijos de Dios de las tareas pertinentes para que los frutos del Misterio Pascual no se hagan manifiestos en la creación y en la historia.

La pérdida de sentido de la vida, la indiferencia hacia el prójimo y la negación práctica de la presencia y la ley de Dios son, quizás, las tentaciones mayores que enfrentamos en nuestros desiertos urbanos. Cuando caemos en ellas tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo, nosotros mismos, las demás criaturas… y comprometemos seriamente el futuro de las nuevas generaciones.

El Papa Francisco lo expresa claramente en su mensaje: “Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte… (El pecado) lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio”.

Que en esta Cuaresma vayamos con Jesús al desierto, venzamos las tentaciones y nos manifestemos como hijos de Dios que se comprometen con la casa común.

Con mi oración, aprecio y bendición.

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas

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