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Conectados y abiertos

 

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

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“Jesús, como Elías y Eliseo, no fue enviado sólo a los judíos”

Lucas, 4, 21-30

No hace mucho escuché en una conferencia que sólo las personas que ‘estén conectadas’ tienen cabida en el mundo posmoderno. Quien dirigía completó la idea diciendo que la educación y la salud, junto a la conectividad, son las áreas de oportunidad indispensables para quienes quieran sobresalir en un mundo que se mueve por competencias y hace de los mercados su hogar, escuela y finalidad de la vida. Educación y salud siempre han sido necesarios para el desarrollo de personas y pueblos -pensé- pero, la conectividad ¿por qué?

Si no estamos conectados, es decir, abiertos a las nuevas posibilidades que nos ofrecen las ciencias y las nuevas tecnologías nos perderemos lo mejor que puede ofrecer este mundo. Si Descartes viviera en el siglo XXI cambiaría su famosa frase “pienso, luego existo” por “estoy conectado/abierto, luego existo”. ¿Cambiaría el racionalismo por el pragmatismo para poder vivir en un mundo que se ha desconectado de la razón y del espíritu para conectarse al vaivén de lo práctico, la ambición, los intereses? Ciertamente, no todo es bueno.

Los paisanos de Jesús se encerraron en sus tradiciones. Despreciaron la Buena Nueva que traía el profeta de su tierra y, por tanto, se olvidaron de los demás y… de Dios. Estaban bien ‘conectados’ con la religión de sus antepasados que enseñaba que la salvación era sólo para ellos; era una visión excluyente, diríamos hoy. Llega Jesús, entra en la sinagoga, lee al profeta Isaías, corta del texto las amenazas de condenación, y oferta la salvación a quienes crean en él, sean de donde sean. Sus paisanos no soportan tal apertura e intentan lincharlo. Jesús “pasando por en medio de ellos, se alejó de allí”. La Buena Nueva es para todos, sin excepción.

La fe nos conecta con Jesús, Hijo de Dios y nos compromete a trabajar por el Reino de Dios. Si lo aceptamos bien, él nos abrirá el corazón para que siempre estemos disponibles para aceptar a nuestros hermanos, sean quienes sean. La Buena Nueva se convierte así en ‘buenas noticias’ para todos, especialmente para los pobres, los cautivos, los oprimidos por el mal. La vida de cada día es el campo donde se prueba si nuestra conexión con Dios es auténtica. Los frutos de libertad, verdad, justicia, solidaridad, paz… son los indicadores. La oferta es para todos, no solamente para quienes van al templo (nuevas sinagogas) o dicen ser personas muy religiosas. Es cuestión de permitir que la fe en Jesús nos conecte con Dios y nos interconecte en la vida con los más necesitados.

La Iglesia de nuestro tiempo tiene enormes desafíos. Uno de ellos es ser una Iglesia en salida y, por tanto, ser cristianos en salida. El Papa Francisco nos urge salir de nuestras comodidades e ir a las diversas periferias de la vida, al escandaloso mundo de los olvidados y descartados. Fe en Cristo y compromiso social es un enlace testimonial indispensable. La Buena Nueva tiene que convertirse en buenas noticias para todos, aquí y allá, ahora y todos los días.

Con mi afecto y bendición.

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas

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