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“Ni fifí ni de izquierda, sólo Sociedad Civil”

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 Paula Takashima Aguilar

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La sociedad civil organizada ha tenido un proceso de crecimiento y consolidación a nivel mundial los últimos 30 años. Sin embargo, en nuestro país aún resulta un tema nuevo y complejo, pues en muchos de los casos se ha intentado utilizar el término de organizaciones civiles para hacer referencia a acciones relacionadas con intereses privados (e incluso partidistas) o para referirse a los grupos que representan a la izquierda nacional.

Explicar en qué consiste la sociedad civil no es nada sencillo, incluso se ha dicho que es todo aquello que no es gobierno ni empresa, como si se tratara de un ente extraño que no puede definirse por lo que Sí es.  La realidad es que los ciudadanos cada vez con mayor frecuencia tienen que asumir espacios que eran exclusivos para el sector gubernamental, y esto ha derivado en un fortalecimiento de la sociedad civil organizada.

Si hoy me preguntan qué son las organizaciones de la sociedad civil (osc´s), les diría que son las instituciones que hacen el trabajo que nadie más quiere o puede hacer. La sociedad civil son los ciudadanos que todos los días donan su tiempo y sus recursos para resolver los problemas sociales; son los que se hacen cargo de los niños de la calle, los que atienden a las personas de la tercera edad que son abandonadas, los que tienden una mano amiga a la mujer que es violentada, los que buscan salvar los bosques, los que evitan que las empresas sigan contaminando, los que exigen transparencia y rendición de cuentas a nombre de todos los mexicanos.

Su labor es tan amplia como lo es la ineficacia del sector gubernamental y privado para entender la compleja realidad social que enfrenta nuestro país y las necesidades de todos los ciudadanos. Dan visibilidad a las cosas que en ocasiones otros sectores no quieren ver. Lo que hacen es tan importante, que por años se ha intentado desprestigiar al sector y limitarlo.

Incluso, hace 14 años cuando por primera vez se logra que las osc´s sean reconocidas al decretar un  marco regulatorio propio, como es la Ley Federal de Fomento  a las Actividades Realizadas por Organizaciones de la Sociedad Civil (LEFARSOC), se les limitó en su actuar al hacer que su consejo solo tenga la calidad de consultivo, teniendo como resultado una mesa de representación nacional con voz pero sin voto ni injerencia en las decisiones que toma el gobierno para facilitar la labor que realiza el sector de osc´s. ¿Se imaginan?  Se les reconoce como actores importantes en la construcción de una sociedad más democrática e igualitaria, pero son obligadas a callar y acatar las decisiones que tomen las instancias federales.

Incluso en el tema de transferencia de recursos, la LEFAROSC obliga a que las secretarías a nivel federal trasladen recursos financieros para facilitar el actuar de las organizaciones civiles, pero no las obliga a consultar para entender cuál sería la mejor forma de asignarlos. En ese sentido, cada instancia federal ha diseñado sus propios mecanismos, en algunos casos sumamente eficientes, en otros totalmente discrecionales; en los peores, con intenciones partidistas muy evidentes.

A pesar de las limitaciones que marca la LEFAROSC, las organizaciones civiles se han abierto paso para ser observadoras, asesoras y evaluadoras del actuar del gobierno. Cada centímetro ganado en este terreno ha costado muchísimo trabajo y seguirá costando.

Hoy enfrentan un nuevo reto, pues el presidente electo ha intentado en varias ocasiones demeritar la labor que realizan al llamarlas “la sociedad civil fifi”. Es entendible que lo haga basado en su predilección por los sindicatos, organizaciones campesinas, organizaciones de comerciantes y cualquier tipo de gremio que tenga como base algún movimiento social. Sin embargo estas organizaciones a las que llama fifi, hoy aportan 4% del producto interno bruto, generan cerca de 3 millones de empleos  y lo más importante, resuelven una enorme cantidad de problemas sociales que ningún otro actor atiende. Las “organizaciones fifí” son las que han logrado tener incidencia en la agenda pública al grado de que en los últimos años más de la mitad de los cambios en materia de ley, son gracias a este sector. Incluso, son pioneras en atención a temas como discapacidad, violencia y migración.

La sociedad civil conforma un espacio clave para dar voz a grupos marginados y defender derechos fundamentales que de otra forma serían ignorados. Alzar la voz por los más desprotegidos no significa ser de izquierda, significa tener la capacidad de entender un problema social y buscar que se convierta en prioridad. La sociedad civil no son esas fundaciones que aparecen en épocas de campaña, no nace con el objetivo de llevar la contraria al gobierno en turno (aunque en ocasiones es necesario hacer contrapeso), ni con la encomienda de buscar intereses para unos cuantos. La sociedad civil de verdad, sale todos los días a hacer su trabajo para generar mejores condiciones de vida para todos, se esfuerza en ser garante de la democracia y en construir una sociedad mucho más armónica. La sociedad civil de verdad no es ni fifí, ni de izquierda, es sólo sociedad civil.

 

@PaulaTakashima

 

Directora de Grameen de la Frontera (OSC). Lic. En Economía. Maestría en gestión y administración de política pública por el ITESM. Maestría en inteligencia de negocios internacionales por el ITSON.

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