Clima Navojoa: Sábado 27°C
Inicio / Cintilla / El mejor pan

El mejor pan

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

“El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed”

Juan 6, 24-35

Experimento sentimientos encontrados en vacaciones. Por una parte, la tristeza por las familias que sufren las consecuencias de las violencias en nuestros días y los accidentes recientes. Por otra, la compasión solidaria de tanta gente que manifiesta su cercanía con quienes sufren y la preocupación activa por buscar caminos de construcción de reconciliación y paz. Bendito Dios, todavía tenemos un gran capital de solidaridad en el alma religiosa de nuestra gente.

La primera reacción que brota de los labios secos y los ojos llorosos de la gente que sufre directamente es un grito de desconcierto, impotencia, dolor… y esperanza. ¿Por qué sucede todo esto? ¿En qué momento descuidamos la siembra y el cultivo de valores éticos y morales? ¿Qué está en nuestras manos sembrar y promover? El alma humana grita orando: ¡Señor, ten piedad de nosotros y danos la paz del corazón!

Al mirar al Cristo crucificado que la gente celebra y venera con tanta fe, miro los rostros dolidos de nuestra gente y la historia de sus sufrimientos. Por otra parte, de la Cruz del Redentor nos llega el consuelo y la esperanza de seguir mirando con amor nuestro futuro y de no perder la fe en las posibilidades del amor.

La Palabra de este domingo es contundente. Jesucristo ha venido a saciar el hambre más profunda que tenemos: ser felices, vivir muchos años con dignidad y esperanza. Creer en Él es abrazarnos a su cruz en momentos luminosos y, con más razón, en los misterios dolorosos de la vida. Seguirle es aceptar el don que el Padre nos da todos los días en Él: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre”. Creer en Jesús es aceptar su palabra también cuando caminamos por valles oscuros.

Señor, te necesitamos hoy más que nunca, podemos orar confiadamente. En la cultura de nuestro tiempo caemos fácilmente en la tentación de no necesitar a Dios para nada, o de hacernos un Dios a nuestra imagen y semejanza. A veces nos mantenemos en un terreno superficial de necesidades básicas que la sociedad de consumo puede colmar con un poco de dinero. Pero, ¿qué pasa cuando aparece la necesidad de plantearnos ‘in extremis’ el sentido del sufrimiento, de la muerte, del amor, de la vida? Solamente la fe en Jesucristo puede abrir y mantener libre la ruta de la esperanza.

Un Dios a medida de nuestros caprichos puede satisfacernos momentáneamente pero no es el Dios verdadero que Jesús nos ha revelado. Dios tiene preparado para nosotros el pan de/para nuestra hambre y el vino de/para nuestra sed: Cristo Jesús es el alimento, el pan vivo bajado del cielo. Todos los demás alimentos quitan el hambre y la sed a ratos, no definitivamente.

No nos vendrá mal orar y rezar, en cualquier circunstancia de la vida: “Señor, danos siempre de ese pan”.

 

Los bendigo desde el altar de la Eucaristía.

 

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas.

Ver también

Gobierno municipal marcha contra el cáncer y enciende lazo de apoyo

NAVOJOA, SON, Oct. 20 (ESP/NPN).- Con carteles de apoyo alusivos al tema, instituciones educativas, asociaciones …