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Cuatro años después: Aún nos faltan los 43

Sobremesa

Paula Takashima Aguilar

El pasado 14 de julio se llevó a cabo la graduación de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, hecho que debería ser motivo de alegría, pues 73 jóvenes se convirtieron oficialmente en profesores. Sin embargo, un aire de nostalgia y tristeza envolvió dicho evento, pues en realidad deberían graduarse 116 estudiantes. Faltaron 43, los famosos 43.

El 26 de septiembre de 2014, 43 estudiantes desaparecieron en Ayotzinapa, Guerrero. Según la versión oficial, policías corruptos de Iguala arrestaron a los jóvenes y los entregaron a miembros del cártel Guerreros Unidos, quienes los asesinaron e incineraron en el basurero del municipio vecino de Cocula. Los padres de los jóvenes desaparecidos y organismos internacionales han denunciado irregularidades en la investigación y exigido que se aborde la posible participación del Ejército y la Policía Federal en los hechos.

Aunque hay varias líneas de investigación y distintas versiones de lo que pudo haber ocurrido, la realidad es que a la fecha, nadie conoce con exactitud lo que sucedió, solo tenemos conocimiento de que 43 jóvenes que debían graduarse, vieron frustrados sus sueños y no pudieron lograrlo. Con el caso Ayotzinapa perdimos 43 estudiantes, 43 futuros profesores, 43 mexicanos.

Ayotzinapa es el reflejo de un México de donde cualquiera se puede esfumar un día.  Entre agosto y octubre de 2017, en el país se denunció la desaparición de una persona cada hora con 33 minutos, o lo que es lo mismo, 1 411 personas en tres meses, según los datos del Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED). Hemos normalizado a tal grado la violencia, que no nos extraña tener que contar a nivel nacional con un registro de este tipo.

El caso de los 43 nos cimbra como país, pues nos recuerda lo vulnerables que estamos los ciudadanos en un territorio donde gobierna la impunidad y donde la justicia no alcanza para todos; un México en el que quienes deben resguardar la seguridad están coludidos con el crimen organizado y las instituciones oficiales pueden convertir una “verdad histórica” en una “vergüenza monumental internacional”.

Como ciudadanos nos queda el deber moral de seguir hablando de Ayotzinapa, de continuar demandando colectivamente que la desaparición de los estudiantes sea el punto de partida para una nueva etapa como nación. Que la vida que les fue arrebatada a esos jóvenes, sea la fuerza que nos permita exigir políticas públicas que resuelvan las exigencias de los mexicanos, para que la impunidad no siga siendo parte de nuestro sistema de justicia.

Sí, es necesario seguir hablando del caso, no permitir que se olvide, hay 43 padres que siguen esperando una explicación, hay 43 familias que esperan que regresen a casa sus hijos, hermanos, esposos. Hablar, es evitar que la desaparición sea un asunto al que nos acostumbremos.

@PaulaTakashima

Economista. Directora de Grameen de la Frontera. Catedrática en el Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad Obregón.

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