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Conservatorio… conversatorio en Guaymas.

Bitácora a Vuelapluma

Luis Rey Ballesteros López

C.R AGOSTO TOP

“…Al golpe del remo se agita en las olas
ligera la barca…”

Escenas de lo que podría ser y no ser.

Escena 1:

En la esquina céntrica de una ciudad de tantas, las horas más frías del amanecer ven al menesteroso de mediana edad cubrirse con cartones de supermercado; la esperanza ha dejado de existir, el corazón es sólo un compás marcado en la nada. Tanto andar de capa caída ha cobrado su cuota.

Escena 2:

Al conjuro de su batuta, el apasionado director de orquesta desgrana en la sala de conciertos pizzicatos, trémolos, rasgueos, arpegios, redobles y vibratos, tutti frutti para los sentidos del público extasiado. En el arrebato más sublime, cierra sus ojos, recuerda aquel conservatorio junto al mar; allá lo llevó el abrazo de su sociedad con la música. Tres décadas mediaban entre su ingreso al conservatorio de Guaymas y este éxito rotundo en afamado foro de una gran capital mundial. El tejido social se compone de abrazos oportunos… él fue abrazado a tiempo.

¿Un conservatorio de música en el malecón de Guaymas? ¿Quién pudo haber abrigado semejante sueño? Sólo Fray Ivo Toneck, un constructor de santuarios del devenir. Sus pasos de peregrino lleno de fe en la humanidad portan serena, pausada tenacidad, guardan cierta similitud con las cadencias de la Barca de Guaymashttps://www.youtube.com/watch?v=pXCdaF5rZNE.

El benefactor del puerto ahonda la esperanza, zurce las blancas velas en el día a día, bajo el designio de un inspirado e inspirador ahínco. Ha alistado junto con la sociedad guaymense y sus aliados estatales y nacionales lo que parecía irrealizable: el conservatorio luce su arribo frente al mar, sobre un terreno privilegiado de la bahía de su puerto de misión, jamás de dimisión.

Décadas atrás, en alguna costa de su natal California, el misionero franciscano, constructor y forjador de grandes cometidos, tuvo una visión. Las ondas dejadas por el rastro de un pelícano al despegar del agua le evocaron la canción ripple https://www.youtube.com/watch?v=671AgW9xSiA. De la mano de ella, acudió una imagen difusa, como en una bola de cristal entre las brumas de los tiempos; tomaría cuerpo muchos años después. Imaginó un coro infantil y juvenil entonándola en un atardecer glorioso, producto de miles de días de esfuerzo y trabajo fecundo. Siempre tuvo certeza del papel transformador de la música, su poder de cohesión y sensibilización de la humanidad, la conveniencia de convertirla en herramienta imprescindible para el desarrollo de la niñez. Lo supo antes de que tantas y tantas investigaciones lo confirmaran.

Guaymas no  se sustrajo al invasivo cáncer de las conductas antisociales y su manto sombrío sobre todo el país, particularmente en el nuevo milenio. En ese entorno, el misionero supo que era tiempo de ponerse manos a la obra con su proyecto de vida más ambicioso, en el momento de mayor algidez y urgencia para su puerto.

Su particular concepción de la obra de Dios, simbolizada en el lema de la Fundación Cultural Infantil y Juvenil Fray Ivo Toneck, A.C.: “Tráeme un niño y te regresaré un artista” fue la voz para soltar amarras rumbo a la titánica cruzada. Ahora, cual nave con su proa adentrada en la bahía de Guaymas, orientada hacia la esperanza de un mejor futuro, el conservatorio tiene en popa, a babor y estribor, la fuerza de las raíces históricas, afianzadoras de identidad y pertenencia. Se levanta también como faro para guiar a buen puerto a muchos jóvenes porteños y de otros lugares, sobre todo del Estado de Sonora, a través de la música. Fray Ivo nos llama al esfuerzo solidario continuo para mantener la obra y mejorarla incesantemente.

Las aguas circundantes transportan ecos de la heroica defensa guaymense contra la invasión del conde francés Gastón de Raousset Boulbon, el 13 julio de 1854. El caudillo yaqui, Cajeme, a sus 17 años de edad fue uno de los defensores encabezados por el General José María Yáñez. Este mismo Mar Bermejo fue testigo de la funesta gira de Ángela Peralta. Sus últimas actuaciones tuvieron lugar en Guaymas, La Paz y Mazatlán, donde falleció el 30 de agosto de 1883, víctima de la fiebre amarilla.

El primer bombardeo aeronaval de la historia tuvo lugar en las aguas de la bahía de Guaymas…corría el año de 1914, en plena Revolución Mexicana. La Plaza de los Tres Presidentes recuerda el origen común de Adolfo de La Huerta, Plutarco Elías Calles y Abelardo  L. Rodríguez, pilares de la institucionalización postrevolucionaria de México, junto con el también sonorense, Álvaro Obregón, como protagonistas destacados del destino nacional en la primera y segunda décadas del siglo pasado.

El canto de Adolfo de La Huerta y su dedicación a la música de concierto bien pudo haber sido un melodioso vaticinio de que este trecho de mar alguna vez se engalanaría con un conservatorio. De La Huerta, en su exilio tras un fallido intento por derrocar a Álvaro Obregón en 1924, abrió una escuela de música en Los Ángeles, donde pudo enseñar el bel canto a varios actores de Hollywood, incluyendo al hijo de Enrico Caruso.

El conservatorio, como conversatorio, armoniza significados, inspira encuentro, reencuentro, descubrimiento, diálogo, identificación, da lugar al surgimiento de más sueños por realizar, cataliza el encuentro de las artes, es lugar para recalar.

Las luces de la celebración inaugural brillan en la bahía desde antes. Las letras las invocan frente al cerro contrapuesto, el de la silueta en forma de barco al revés. Festivas, habrán de reventarse en el cielo de un anochecer tierno para un nacimiento gestado desde la parte más suave de los corazones concertados. El espíritu de los maestros pirotécnicos se hará presente como una sinfonía pasada entre generaciones de hacedores de fuegos, luces y júbilo atronador. El mar será el escenario donde la pólvora y sales minerales propulsadas en sus varas de batamote surcarán los aires como ícaros en estampida. El Maestro compositor de la música para esa ocasión tan importante se llenará de todas las luces y sombras de un país hasta verter en el pentagrama magia como la bullente en los peroles de Paracelso. Aún más, su propio linaje de fuego, pólvora y música, le hará tallar, hacer estallar, frotar, percutir, asaltar la eternidad con un ejército de músicos dispuestos a entrar por la rendija ingrávida, insondable, sideral, rara vez abierta… la del misterio de unción entre luz y sonido. ¡Ábranse las puertas del arte creador con la llave de la música!

El Mar de Cortés, sus vaivenes, los murmurantes caracoles pegados al oído, el canto de aves en sutil deslizamiento, la quietud de su oleaje, la majestuosidad contemplativa del desierto sonorense, caja de resonancia perfecta, contrapunteada por aguas a veces embravecidas… nidos de legendarias tormentas eléctricas.

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