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Un debate de flojera

Los embalsamaron con el traje formal, les amarraron el cuello con una corbata y los inmovilizaron en una silla. Y el tercer debate acabó por ser el más aburrido de la temporada presidencial 2018.

CIUDAD DE MÉXICO, Jun. 13.- Sin duda fue en el que se abordaron con más seriedad los temas, pero entre preguntas rebuscadas y respuestas acartonadas, predecibles y algunas increíbles, no acabó de cuajar.

No hay duda de que la mitad de aquellos mexicanos que sintonizaron el debate ya estaban cabeceando o incluso roncando, antes de que terminara el intercambio de ideas.

La verdad que con el primero y segundo debates nos mal acostumbraron con formatos y moderadores más atractivos, más directos e incisivos que le dieron agilidad a esos ejercicios.

Pero teniendo lo que se vio anoche -no hubo más- el ganador fue Andrés Manuel López Obrador, quien se presentó más sereno el moreno, más estructurado y dueño de tiempo y temas. Era el puntero a vencer y ninguno de sus tres rivales lo desafió lo suficiente.

Los ataques se redujeron a la mínima expresión. El máximo reclamo se lo hizo Ricardo Anaya con presuntas asignaciones directas de contratos por 170 millones de pesos en todo su sexenio como jefe de Gobierno del DF. Algo así como el equivalente tres bodegas de Barreiro. ¿Eso es todo?

Ricardo Anaya exhibió algunos estragos de las denuncias sobre presunto lavado de dinero. Aunque tenía ganas de embestir, se contenía ante el temor de que le respondieran con sus videos.

Pero hay reconocerle que a pesar de las embestidas del caso Barreiro, no bajó la guardia en su cruzada contra la corrupción.

Y no dejó de amenazar una vez más con investigar y enviar a la cárcel por corruptos, desde el presidente Enrique Peña Nieto hasta el propio José Antonio Meade.

Y el Joven Maravilla volvió a soñar que todos los campesinos tengan su teléfono celular para que ahí vean los precios que les van a pagar por sus cosechas. ¡Pero si ni semilla ni agua tienen!.

Si en las ciudades se batalla con los pobres servicios de telefonía móvil que da Carlos Slim, hoy más ocupado en construir aeropuertos y en extraer petróleo, ¿cómo conectar una línea o un servicio de red en la milpa de Oaxaca?

José Antonio Meade se vio tranquilo, también estructurado, con datos numéricos más precisos, pero sin golpes de genialidad, ni de sorpresa, más allá de recordarle a Anaya que era un indiciado.

El candidato priista no-priista dejó pasar la oportunidad para conectar los cuestionamientos que colocaran a Anaya o a López Obrador contra la pared.

Jaime “El Bronco” Rodríguez se convirtió en el Pinocho de la noche. Abundó en las mentiras de que bajo su gobierno se acabó la pobreza en Nuevo León o que las mujeres de esa entidad trabajan menos por el mismo salario por un pacto con los empresarios. ¡Ajá!. El Bronco salió mansito.

El resultado final después del tercer debate, es que nada cambió. López Obrador se consolidó y sin duda esta fue su participación más sólida de los tres debates.

Anaya y Meade salieron como entraron. Sin despuntar para hacer la diferencia y sin descalificar a su rival para garantizar ser el único finalista contra “ya saben quién”. Y El Bronco ni bulto hizo.

Y considerando que el Mundial se robará la atención nacional a partir del próximo domingo, y asumiendo que les encuestas sea más o menos acertadas, el candidato de Morena llegará muy adelantado a las urnas como el candidato a vencer. Así de simple.

Debate.com

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