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La hondureña que fue diputada antes de ser migrante

SONORA, May.16.- Debajo de una tienda improvisada con cobijas, María Elena Colindres Ortega, una mujer hondureña de 43 años, sonríe y habla ante el micrófono de Proyecto Puente. Acaba de terminar una huelga de hambre de cuatro días y por fin prueba su primer alimento: una torta.

Cuando viajaba junto a otros más de 700 migrantes en la Caravana que salió de Tapachula, Chiapas el 25 de marzo pasado, las tortas fueron prácticamente su único alimento durante casi un mes de trayecto hasta Sonora, pues era lo que la gente, a su paso, podía darles solidariamente.

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Las agradecieron de corazón, siempre, pero las comieron tanto que llegaron a aborrecerlas.

¿Quién imaginaría que serían las tortas el primer bocado después del ayuno? María Elena y su amiga Sonia se ríen de la situación, mientras devoran los panes con jamón y mayonesa.

La huelga se dio a las afueras del Instituto Nacional de Migración, en su sede de Hermosillo, Sonora, donde se instalaron alrededor de 200 migrantes –entre las mujeres, los hombres y los niños que quedaron en la ciudad, pues muchos se dirigieron hacia la frontera–. El motivo fue que no se estaba cumpliendo el compromiso del gobierno mexicano de entregarles visas humanitarias para poder transitar legalmente por el país.

Entonces 15 personas dejaron de comer, mientras el resto construyó un campamento en el espacio. Gracias a la presión que la Caravana Migrante ejerció allí, avanza la entrega de la documentación.

María Elena fue diputada antes de ser migrante

En Honduras, fue electa de manera popular, por del Partido Libertad y Refundación (Libre), un partido de oposición que surgió después del golpe de estado de 2009; María Elena trabajó durante cuatro años en el Congreso como suplente, en un cargo que finalizó apenas el 25 de enero de este año. El mismo día de su cumpleaños número 43.

“Mis ingresos no eran la gran cantidad”, contó María Elena, “aparte de que yo entro al Congreso por un partido de oposición al socialismo que está ahorita… entonces yo tuve represión allí, porque el poder, cuando uno no se acomoda, o te aísla, o te trata de fregar de alguna manera.

 En el Congreso a mí me deben 16 meses de salario, me pagaron solo dos meses del primer año y porque yo no voté a favor de unas leyes que eran contrarias al pueblo, me quitaron el sueldo. Y no demandé porque igual, contra el poder, iba a perder. Probablemente, en un gobierno que no fuera tan nefasto y tan corrupto como el que tenemos, lo haga, pero ahorita sería nadar contra la corriente”.

María Elena es pueblo, dice, pues viene de una familia de clase humilde que sembraba frijol y maíz más para la subsistencia propia que para generar riqueza.

Lo económico solo era una parte del problema. María Elena también abandonó Honduras como consecuencia de la violencia, pues ante las constantes amenazas y asesinatos en contra de activistas sociales y actores políticos, ella se sintió en riesgo.

Nada me garantiza la vida, yo no tengo guardaespaldas, yo no tengo seguridad privada, igual si me matan, todo pasa y no pasa nada… Ahí tenemos el caso emblemático de Berta Cáceres (activista del medio ambiente asesinada el 3 de marzo de 2016), hace más de dos años que mataron a nuestra ambientalista, la más renombrada en Honduras y hasta ahora no pasa nada, no hay justicia, no hay nada, sin embargo, es nuestro deber luchar”, explicó.

De acuerdo con distintos portales noticiosos de Centroamérica, su actual presidente, Juan Orlando Hernández –al igual que otros gobiernos de derecha en el país– se ha visto envuelto en escándalos que lo vinculan con el crimen organizado. María Elena lo confirma.

Juan Orlando Hernández llegó al poder financiado por el narco en Honduras, es de los presidentes más corruptos que se han tenido, es el presidente que está entregando nuestro territorio a las trasnacionales extranjeras, es el presidente que no le interesa el pueblo porque todas las leyes y todo está contemplado, bien articulado para favorecer a los grupos poderosos y en contra de la gran clase pobre del país que somos la mayoría, es corrupto, son asesinos, son ladrones, yo ya sé qué más podría decir… son narcos.

En Honduras se vive ‘una dictadura terrible’, describió María Elena: si se participa en una manifestación, eres “clasificado” y, eventualmente, asesinado. La escena del crimen se limpia y los reportes escriben cualquier otra cosa, menos la verdad. “Realmente no te dan ganas de volver, pero yo sí, a dar lucha política otra vez”, dijo.

Lejos de la familia y su país: una dura decisión

Sentada sobre un colchón, María Elena agradece las muestras de solidaridad de la gente y cuenta lo difícil que fue dejar a su familia en su país, para poder llegar hasta esta zona del norte de México a buscar asilo humanitario. “Es lo más duro que he vivido, porque nunca lo había hecho, pero bueno, ya estoy aquí… gracias a Dios que él me trajo de la mano”.

 Hijos pequeños, un esposo, un hogar. Ahora está en México, sin ellos.

“Fue el paso más difícil, porque ni siquiera hallaba cómo venirme porque nunca había salido y a raíz de eso, no me traje a ninguno de mis hijos… yo no sabía a qué me iba a enfrentar, entonces dije si voy a enfrentarme a algún problema, bueno, que sea yo sola”.

María Elena está a punto de cumplir dos meses fuera de su país, pero hoy ya consiguió la documentación que le permitirá permanecer en México al menos un año. De no ser porque el grupo de amigos y amigas que formó ya tiene planeado viajar hacia Tijuana, se quedaría en Hermosillo, la ciudad que la acogió, a buscar un empleo que le permita generar recursos para enviárselos a su familia y que vivan dignamente.

Para ella, a pesar de todo, la Caravana Migrante ha resultado como una toma de aliento que le sirvió para agarrar fuerza, trabajar y eventualmente volver a Honduras.

Ahorita estamos acá, viendo cómo mejoramos un poco las condiciones económicas, para volver y retomar la lucha allá… esto sólo es un pequeño respiro”, finalizó. Que no, contó, porque en ninguna de las dos formas, bajo sus condiciones particulares, se tiene gran poder.

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