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SER BUEN PASTOR / SER BUENA OVEJA

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

El cuarto Domingo del Tiempo de Pascua toca un tema que hace cosquillas a pastores y ovejas, a cristianos de a pie y a quienes dan el servicio de guías. Además, las lecturas bíblicas comienzan otra etapa en la confesión de fe en el Resucitado: la narración de las apariciones a los primeros discípulos dan lugar al quién es el Resucitado para los discípulos de todos los tiempos.

C.R AGOSTO TOP

Hoy nos sale al encuentro y afirma lleno de ternura y misericordia: “Yo soy el Buen Pastor”. Nos lo dice en serio, independientemente de la situación existencial en la que nos encontremos. Se ofrece para ser nuestro guía; no importa si las calles de la vida hayan sido oscurecidas por pecados propios o los del prójimo. La forma de ejercer su pastoreo es ir delante en el amor, la solidaridad, la misericordia, la paciencia… en todas las expresiones del amor.

Con la garantía de que el Resucitado es el buen pastor, la Palabra del Viviente nos invita a evaluar nuestras formas de ser ovejas y pastores, pastores y ovejas. Hemos aceptado con especial sonrisa las palabras del Papa Francisco cuando nos dice que los pastores deben ‘oler a oveja’. El significado de cercanía, interés y entrega de los pastores hacia las ovejas, es obvio. Se puede añadir -sin temor a desvirtuar la intención del Papa- que las ‘ovejas también deben oler a sus pastores. No hay duda que las ovejas huelen a su pastor cuando son conocidas, amadas, llamadas por su nombre, alimentadas, acompañadas y bien guiadas por ellos. Ambos, pastores y ovejas, deben oler a Cristo… Sólo así se puede cerrar/ abrir el círculo del olfato.

El domingo del Buen Pastor siempre me ha hecho ruido. La pregunta ‘de cajón’ es si soy buen pastor, si cumplo con el perfil que describe el Evangelio de este domingo. Sin evadir mi corresponsabilidad, ser buen pastor también aplica a todas las personas que tienen el servicio de guía en la familia, la escuela, la comunidad, la sociedad…

A todos, sin distinción, nos corresponde ser pastores y/u ovejas. Cuando nos corresponda guiar no debemos olvidar el perfil del buen pastor; cuando tengamos que ser ovejas estamos llamados a distinguir entre los verdaderos pastores y los que sólo quieren vivir a costa de las ovejas… Aplica también a las personas que aspiran y hacen campaña para acceder a un servicio público. No olvidemos que la resurrección se vive en el tiempo, por tanto, también en tiempos político-electorales…

La Iglesia nos invita este domingo – y todos los días- a orar por las vocaciones. Tengamos en cuenta que de poco sirve la oración si no va acompañada de disponibilidad generosa para ser buenos pastores y buenas ovejas en todas las etapas y circunstancias de la vida. Oremos y actuemos. Oremos y participemos. Oremos y asumamos con alegría la misión que se nos ha confiado.

Que el Señor Resucitado nos abrace con la ternura de su amor para que seamos buenos pastores y buenas ovejas.

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