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2017: Año viejo. Año nuevo: 2018

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

Paz y bien, ternura y misericordia, amor y gozo a cada persona, familia y comunidad con quienes caminamos en esta tierra y en este siglo.

C.R AGOSTO TOP

Vivimos el ciclo festivo de la Natividad de Jesucristo, tiempo y espacio que favorecen un saludo afectuoso y el deseo de abundantes bendiciones del cielo para ti y las personas que acompañas y te acompañan en el trajín de cada día.

Cerramos un ciclo de vida para abrir otro nuevo. Terminamos el año 2017 de la era cristiana e iniciamos, con esperanza e incertidumbres, el año 2018. ¿Cuál es nuestra vivencia? ¿Nostalgia? ¿Arrepentimiento? ¿Memoria agradecida? ¿Esperanza? El espíritu propio del tiempo de Navidad y el ambiente de fin de año se prestan para volver a entrar al sagrario de nuestra persona y mirar con humildad la historia que hemos escrito con nuestras aspiraciones y decisiones. En la vida hay fechas socialmente simbólicas y significativas, con diferentes cargas de inspiración, reflexión y compromiso. Ésta es una de ellas. Tiempo propicio para replantearnos valores, actitudes, propósitos y corresponsabilidades.

El año que está terminando empieza a ser la historia que has y hemos construido junto a/con tu familia y compañeros de camino, con presencias y ausencias. Tu conciencia es el mejor testigo y juez de decisiones, acciones, omisiones, solidaridad y complicidades, en el bien o/y en el mal. El veredicto de tu examen de conciencia debe ser base para soñar y proyectar tu futuro. Ojalá que ninguna de tus acciones u omisiones haya sembrado inhumanidad en tus relaciones con el prójimo y con la casa común.

El año que empieza es otra oportunidad para imaginar el mundo que anhelamos y necesitamos, y decidir qué hacer para construirlo. Toma en cuenta que lo más importante empieza en casa, en familia y se hace en equipo, con generosidad y responsabilidad. Los niños y adolescentes están siendo artífices de una nueva sociedad que todavía no es. Los adultos les acompañamos y podemos aportar algo para que ese cometido se logre con la experiencia del pasado y la esperanza de un futuro de dignidad y de paz. La responsabilidad y la tarea es de todos.

El Papa Francisco, en su mensaje del 1 de enero, Jornada Mundial de la Paz 2018, nos invita a hacernos corresponsables en acoger, promover, proteger e integrar a migrantes y refugiados, hombres y mujeres que buscan la paz. Acoger al otro exige compromisos concretos, generosidad activa y comprensión vigilante.

Al terminar un año e iniciar otro hagamos el propósito de aportar nuestros dones para que 2018 sea tiempo oportuno para construir la paz, recuperar la confianza perdida y abrir los brazos a los hermanos más necesitados. Tu iniciativa y entrega pueden ser un destello de esperanza para hacer más habitable este mundo y contrarrestar la barbarie que nos acecha de diferentes maneras. Con generosidad y espíritu de colaboración, con imaginación y audacia, podemos darle un contenido esperanzador al año que iniciamos.

El futuro que queremos está en la providencia de Dios y en nuestras manos si las llenamos de humildad, misericordia, generosidad, inteligencia y audacia.

Que Dios nos bendiga y nos guarde.

Que haga brillar su rostro misericordioso sobre nuestros proyectos. Que nos conceda la paz.

Con mis mejores deseos de abundantes bendiciones para ti y tu familia.

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas.

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