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La vida igual que la naturaleza: Para cosechar primero tenemos que sembrar

Roberto Celaya Figueroa

Cuando iniciamos nuestros andar en pos de las metas, sueños y objetivos que nos hemos planteado, en nuestra mente prevalece siempre ese algo hacia donde queremos llegar, pero previo a siquiera pensar en llegar a obtener lo que queremos, lo que debemos tener muy presente es el camino, a veces largo, difícil, retador, que primeramente tenemos que transitar.

Me da la impresión que a veces estamos tan inmersos en nuestras vidas que algunas lecciones de la misma, por lo sencillas que son y debido a su cotidianeidad, nos pasan desapercibidas. Una de estas es la del proceso que en la vida se da para que las cosas sean. Veamos las cosechas.

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¿Cuál sería el proceso para que alguien cosechara algo? Tal vez me digas que es primero preparar la tierra o plantar la semilla, pero antes de esto hay paso previo y necesario que es el pensar, el planear, el calcular. Esta primera etapa tiene que ver con la ideación de que lo tenemos que hacer para lograr lo que queremos obtener.

Luego vienen los pasos prácticos de preparar la tierra y plantar la semilla. Pero incluso estos pasos previos a cosechar no terminan aquí ya que es necesario otra serie de pasos intermedios entre la siembra y la cosecha como son el riego, que debe ser constante, y la atención a las plagas, que debe ser esporádica. Si alguien solo sembrara pero no regara o cuidara lo sembrado difícilmente podríamos pensar que la siembra fructificaría.

Por último, el paso final, es precisamente el levantar la cosecha. Es en este punto donde vemos el fruto de todos los esfuerzos anteriores y donde podemos gozarnos en lo obtenido, máxime cuando esto ha sido regado por el sudor de nuestro esfuerzo lo que nos permite valorarlo en toda la extensión de la palabra.

Pues bien. En la vida es igual. Cuando deseamos obtener algo primeramente debemos diseñar en nuestra mente lo que queremos tener y, sobre todo y con la mayor claridad posible, lo que es necesario hacer para lograrlo. Después hay que pasar de la intención a la acción para de manera práctica buscar conseguir lo que deseamos. Por último, hay que cosechar los frutos, tanto los que se refieren a disfrutar al obtener lo que nos habíamos planteado como a, en caso de no llegar a obtener lo esperado, identificar y valorar los cambios internos que se dieron en el proceso en nosotros y que maduraron nuestro carácter como personas de excelencia.

De nuevo: tal vez lo anterior parezca obvio pero no lo es si pensamos en todas esas personas que a la primera de cambios avientan por la borda sus sueños, metas y objetivos solo por los obstáculos, retos e incluso caídas que experimentan. Quienes rinden sus armas son iguales a aquel sembrador que cansado de regar o deprimido por las plagas, en vez de ponerse en acción, deja todo logrando solo que la cosecha se malogre.

De todo esto lo importante es que debemos fijarnos con mucho detenimiento, énfasis y madurez mental y emocional en el proceso intermedio entre el sembrar y cosechar ya que generalmente éste es el que lleva más tiempo y, por ende, requiere de mayor constancia, esfuerzo, disciplina y pasión.

No podemos pensar que por el solo hecho de desear algo esto se nos sea cumplido, necesariamente todo lo que queramos requerirá de nuestra constancia, disciplina, esfuerzo y pasión, después de todo la vida igual que la naturaleza: Para cosechar primero tenemos que sembrar.

 

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