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Una Larga Jornada

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

La persona del Job bíblico ha pasado a ser símbolo de todos los sufrientes. “Me han tocado en suerte meses de infortunio y se me han asignado noches de dolor… la noche se alarga y me canso de dar vueltas hasta que amanece”, aplica a todo ser humano, no importa edad, causas y circunstancias. El sufrimiento clama al cielo en su persona y en la de todos los que sufren de cualquier manera.

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Job es un personaje singular y ejemplar. Cuando menos lo espera, lo pierde todo: casa, familia, amigos, trabajo, salud, fama, respeto, estima. Después lo recupera todo. A pesar de que el sufrimiento le duele hasta hacerle desesperar, no pierde la confianza en Dios. Clama al cielo, el cielo escucha y el cielo responde en el momento más oportuno.

La realidad del sufrimiento es una herida abierta que a todos duele, cuestiona, incomoda, alerta. Dios nunca ha sido insensible a las preguntas y los lamentos de quienes beben, han bebido y beberán ese cáliz. Job es un anticipo, una imagen de Cristo sufriente, la respuesta definitiva de Dios al sufrimiento humano.

Dios no se limita a responder con palabras; lo hace compartiendo nuestra experiencia de sufrientes. Desde Belén hasta el Gólgota, desde el primer llanto al nacer hasta el último grito de dolor en la cruz vive el sufrimiento, lo asume, lo ofrece; transforma lo que aparentemente no tiene sentido. En el viacrucis final (casi al borde de la desesperación), en el corazón de la noche de la muerte cuando parecía que el mal y la maldad tenían la última palabra, Dios lo resucita.

La misión de Jesucristo es salvarnos venciendo desde la raíz el pecado, el mal, la muerte. Aunque no nos ahorra el sufrimiento, nos abre el horizonte de la esperanza en el cumplimiento definitivo de la promesa de la resurrección. El Evangelio de este domingo lo narra en una larga jornada de curaciones de enfermos y sanaciones de endemoniados. “Al atardecer, cuando el sol se ponía, de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro…”, se refiere no sólo a las horas de aquella intensa jornada de trabajo sino también a las noches pesadas del Job de todos los tiempos.

El sufrimiento sigue siendo un escándalo en la era de las nuevas tecnologías, a pesar de tantos adelantos científicos. Hay muchos tipos de sufrimiento. Sus causas son diversas; unas permanecen en el misterio, otras tienen autores conocidos. No podemos eludir nuestra responsabilidad ante el sufrimiento de los demás cuando nosotros lo provocamos, consentimos y no ponemos oportunamente los remedios para aliviarlo.

Jesús sigue recorriendo las calles oscuras del sufrimiento que existe en nuestros días. “Se le acercó y tomándola de la mano, la levantó” se refiere originalmente a la suegra de Pedro pero puede aplicar a quien busca sentido al sufrimiento y se abre a la potencialidad salvífica de la fe en Él. “Líbranos del mal”, pedimos cuando oramos con el Padre nuestro. Con Jesucristo siempre hay espacio en la mesa de la esperanza.

Los abrazo desde la fe en Cristo y los bendigo.

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas.

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