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¿Lepras en tiempo de elecciones?

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

¡Qué aventado el leproso que Marcos nos presenta en el relato evangélico de hoy! Éste no averigua, se lanza buscando alivio, curación, una salida digna a la exclusión social y religiosa que vive, como decimos en tiempos posmodernos. Este cuadro nos recuerda a las personas que no escatiman esfuerzos y vergüenzas para salir adelante, por más difíciles que sean las circunstancias. Quieren amar, saben lo que quieren y lo buscan aprovechando ofertas y posibilidades.

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Es común ver en muchas recepciones de hospitales, ventanillas oficiales, secretarías particulares, puertas de potenciales samaritanos, a personas capaces de saltarse protocolos e insistir, sin callarse, con tal de conseguir aquello en lo que creen. ¿Es bueno? ¿Es recomendable este tipo de comportamiento? Querer es poder, dice el dicho. No hay duda que el querer, cuando tiene como fuente y fundamento el amor, es capaz de romper barreras, muros, escollos… En el Evangelio aparece con frecuencia la invitación a insistir, siempre y cuando sea la expresión sincera de la fe que busca la verdad del/en el amor.

¿Qué hace de especial la persona enferma de lepra para ser ejemplo de insistente humildad? Simplemente cree en Jesús, se acerca a él, pide con humilde confianza, se arrodilla: “Si tú quieres puedes curarme”. Arriesga todo con tal de alcanzar la curación total; quiere volver sano a la vida de la comunidad y salir de la exclusión de la que el pecado lo ha encerrado. Va a Jesús porque cree que en Él hay esperanza de salud y salvación. Otra vez Jesús escucha compadeciéndose y se compadece escuchando: “¡Sí quiero, sana!”. Otro milagro de la fe: “Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio”.

El hecho se ha divulgado tanto que, dos mil años después, sigue llegando a nuestros oídos. Me pregunto si el milagro de la curación total del leproso aplica a todos los tipos de lepra que azotan a personas, familias, ideologías, grupos, partidos, comunidades, culturas. Sería buen ejercicio -de humilde salud- que hicieras el elenco de estas terribles enfermedades que excluyen del banquete de la sana convivencia, de la esperanza en una vida digna y plena. Aplica también a lepras personales y sociales que aparecen de diferentes formas en tiempo de elecciones. La tradición rabínica contabilizaba 72 tipos de lepra en tiempos de Jesús. ¿Cuántas habrá en los tiempos que vivimos?

El leproso curado nos cuestiona con su actitud de creyente audaz, decidido, aventado, sin miedo al qué dirán. Quizás hay enfermedades, esclavitudes, pecados, lepras visibles e invisibles, de las que no queremos salir. El leproso, como tantas personas curadas por Jesús, nos enseña a dejarnos conducir por la fe en Él; a no tener miedo de romper prejuicios, tabúes, posiciones cómodas, pasivas, fatalistas. Sólo basta creer a fondo y abandonarnos en los brazos siempre compasivos del Señor Jesús.

El miércoles próximo iniciamos, otra vez, el camino de la Cuaresma que conduce a la Pascua. Es muy buena oportunidad para arrodillarnos ante el confesor, puesto ahí por Jesús, para sanar de nuestras lepras.

Los abrazo con mi bendición.

Originario de Granados, Sonora.
Obispo de/en Zacatecas.

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