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 “De igualdad y certámenes de belleza”

Sobremesa

Paula Takashima Aguilar

El próximo 10 de febrero se llevará a cabo en Álamos, Sonora el certamen de belleza “Mexicana Universal”, en el cual las representantes de diez municipios del estado buscarán la corona. Para demostrar su talento, cada una de las concursantes deberá recorrer la pasarela en traje de baño, vestido de coctel y vestido de noche.

Paralelo al desarrollo de estos eventos, como sociedad nos sentimos orgullosos de promover la equidad de género y de buscar el empoderamiento de la mujer. Queremos que el sexo femenino sea fuerte pero les presentamos a las niñas prototipos de mujeres cuyas capacidades deben ser evaluadas en traje de baño y tacones.

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¿Pero cuál es el problema de este tipo de eventos? La realidad es que gracias a ellos, se ha cosificado a la mujer y mercantilizado su cuerpo. Nos hemos ocupado de crear en las niñas y jóvenes la necesidad de ser princesas por un día, lo cual logran en concursos de belleza local, escolares o en espacios mucho más formales como los certámenes de belleza.

No es un secreto que derivado de estos concursos, se haya agravado el problema de los desórdenes alimenticios, la violencia de género y otros más derivados de la presión que ejercen para cumplir con los estándares de belleza que se han fijado a través de ellos.

Países como Argentina, han entendido la gravedad de la problemática y han comenzado a esbozar las primeras iniciativas de ley que prohíben los concursos de belleza en ciertas regiones. Francia ha castigado este tipo de eventos para menores de 16 años. Pero más allá de la prohibición, deberían promoverse espacios de reconocimiento que valoren las capacidades de las mujeres, más allá de su imagen física.

Necesitamos modelos inspiradores que permitan a las niñas soñar con ser científicas, activistas y profesionistas ejemplares. Es importante que en la construcción de una sociedad más igualitaria eliminemos los espacios que por años han sido etiquetados para cada género y privilegiemos aquellos que reconocen nuestras capacidades como seres humanos.

Los concursos de belleza modernos tuvieron su origen en 1921, en un contexto completamente distinto al actual. Hoy estamos frente a una nueva generación de mujeres que ha logrado abrirse camino en el sector público, privado y social.  No está mal reconocer la belleza, lo que es erróneo es pensar que es lo único que una mujer tiene para ofrecer.

Requerimos de nuevos espacios como el que se dio el pasado 30 de enero en Universidad La Salle Noroeste, donde se reconoció a Beatriz Marina Bours Muñoz y Catalina Mendoza Arredondo con el Doctorado Honoris Causa en Humanidades, por su trayectoria personal y profesional en beneficio de las comunidades más necesitadas.  Modelos así, son los que hacen que los estudiantes aspiren a ser impulsores de cambios en la sociedad.

Necesitamos que las nuevas generaciones encuentren inspiración en mujeres reales, mujeres que están cambiando la historia como Malala Yousafzai, quién no ha portado ninguna corona, pero puede presumir el ser la persona más joven en ganar el premio Nobel de la Paz. Jamás ha estado en un certamen de belleza, pero ha podido pararse en el Foro Económico en Davos a exigirles a los hombres más poderosos del mundo que a través de la educación se dé un mensaje de igualdad a cada niño y niña.

El mundo está cambiando y el rol de las mujeres con él. Las coronas empiezan a perder valor frente a las capacidades, talentos y habilidades de mujeres que son hermosas, pero también son seres humanos excepcionales.

@PaulaTakashima

Economista. Directora de Grameen de la Frontera y catedrática del Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad Obregón.

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