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Donde hay familia hay futuro

Mons. Sigifredo Noriega Barceló

No hay Navidad sin la realidad de la familia, la de Jesús de Nazaret y la nuestra. Sabiamente la liturgia católica relaciona el nacimiento de Jesús con la familia… Y nosotros también… Estemos donde estemos buscamos reunirnos en familia en Navidad.

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¿Por qué el Padre eterno ‘amó’ que su Hijo viniera al mundo como miembro de una familia? Hacía muchos siglos -según nuestro marco del tiempo- que había creado al ser humano. Había tenido ‘muchísimo tiempo, para observar cómo evolucionaba la familia en su manera de comportarse ante las situaciones complejas de la vida. Seguramente había escuchado muchas quejas de quienes alzaban la vista al cielo para reclamar: ‘Señor, ¿por qué me diste estos padres, hijos, hermanos, parentela?’

Dios pudo haber hecho otro diseño para que su Hijo viniera al mundo. Sin embargo, eligió seguir el camino que seguimos los seres humanos: nacer y crecer en una familia. ¿Por qué? Porque es el modo de compartir a fondo nuestra condición humana. Es más, quiso vivir nuestras incomodidades y desconciertos cuando aparecen papás imperfectos, hijos libertinos, hermanos indeseados, parientes incómodos. A pesar de las quejas recibidas por siglos ‘eternos’ Dios ha considerado que la familia es valiosa escuela de y para la vida de todo ser humano. Él mismo estaba dispuesto a formar parte de ella para llevar a plenitud su plan de salvación.

Después de 2017 años sigue habiendo el ‘aval divino’ a favor de la familia. Dios sigue recomendando la familia -al estilo de la suya- como el mejor medio para que el ser humano sea gestado, nazca, crezca, madure y sea persona de bien. Es el mejor espacio/escuela para que el ser humano crezca siendo amado, comprendido, perdonado, protegido… Es la mejor universidad para que el desarrollo humano sea viable, para ‘mamar’ y vivir los valores que dan sentido y sostienen la convivencia humana. La familia es la principal agencia para soñar y construir un mundo en paz.

Las nuevas culturas están buscando suplir a la familia ‘tradicional’ como base de la convivencia social. Todos sabemos de las tremendas dificultades que deben afrontar las familias ante los embates del consumismo, las ideologías de género y las filosofías/visiones de lo práctico. Las consecuencias del descuido de la familia -al estilo Nazaret- están a la vista: inseguridad en todos los campos, no respeto a la vida, el hijo convertido en estorbo, el hermano en enemigo, el prójimo como mercancía, insensibilidad social, corrupción y perversión; es decir, la cultura de la muerte como estilo de vida.

Celebrar la fiesta de la Sagrada Familia en el ambiente festivo de Navidad puede ser una gracia especial para reflexionar sobre la familia y sus aconteceres. La familia puede seguir siendo escuela que nos cobije y nos enseñe a vivir, nos acoja y nos lance a edificar el mundo nuevo que anuncian los ángeles y pastores en el nacimiento de Jesús. Esto puede acontecer si volvemos a nuestra casa de origen esta Navidad.

Los abrazo con calor familiar. Los bendigo al terminar el año civil e iniciar uno nuevo.

Originario de Granados, Sonora.

Obispo de/en Zacatecas

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